TRADICIONAL Y SECULAR FERIA DE GUADALUPE
El 5 de Diciembre se inicia la Feria.
Desde el Cerrito de la Virgen, vemos al pueblo de Guadalupe, que trae en
procesión a In Virgen hasta su capilla en la cima. Gran acompañamiento lleva
"La Chapetone" como se le llama en el lugar. A su paso, encuentra arcos
triunfales que ofrecen como éste, su homenaje.
El júbilo del pueblo se exterioriza con
la quema de cohetes y bombardas.
Aquí resultó estrecho el camino para
tanto devoto. El número de fieles ha ido en aumento al paso de la imagen.
Este bosque acogedor marca la cercanía
del Cerrito, el mismo camino y la misma devoción, llevan desde hace cuatro
siglos sus sagradas andas.
En su capilla y como es tradicional, se
celebra el Santo Oficio de la Misa. Parece que la altura inviolada del recinto,
las almas se sienten más cercanas a Dios. Todo se inclina reverentemente ante
la presencia de la Virgen.
Y ahora llega el momento del regreso.
Fortalecidos en espíritu, bajan nuevamente en procesión, portando su preciosa
carga los felices pobladores y peregrinos. Este es el mejor presente que puede
hacerse por la fé: la comunión del espíritu fuerte que se exterioriza
incontenible, como un alarde de pureza y sencillez, que habla más claramente a
los oídos de Dios.
Aquí, el regreso, son las mujeres las
que cargan el dulce peso. Así se hace también por tradición. Ellas detentan
este privilegio por su acendrada fé y el amor inmenso que profesan a su Virgen
milagrosa.
Los arcos triunfales sueltan palomas al
paso de la imagen. Es el símbolo de la pureza.
El ocho de diciembre es el día de la
Veneración de la Virgen. Los pobladores se preparan con mucha anticipación.
Aquí nada falta para el culto. Están los cirios, objetos recordatorios,
milagros y, sobre todo, los corazones emocionados y rendido. Es la Feria de la
Virgen y todo es en homenaje a ella.
Con el mayor orden se forman inmensas
colas por los peregrinos que esperan pacientemente el momento sublime de tener
el privilegio inapreciable de venerar a su Virgen.
En el interior del templo es ya
verdaderamente impresionante el fervor que se advierte. Muchas horas han pasado
desde que esta muchedumbre devota ingresó a la Iglesia, aguardando el instante
de acercarse a la Virgen Guadalupana. Este año, la afluencia ha sido muchísimo
mayor.
Nunca en las ciudades norteñas se vio
más claramente reflejado el espíritu del pueblo que ama su tradición, su fe y
sus costumbres. Aquí están todos. Los hijos dilectos del Departamento se unen
en un solo cuerpo religioso.
El padre Santiago Wenceslao Aguilar,
inicia el acto de la Veneración y enseguida comienzan a desfilar uno a uno, los
miles de peregrinos
Tocar el anda o besar el Manto de la
Virgen es el único anhelo que ha hecho esperar horas y horas a todo un pueblo.
¿Cuántos llegan hasta las plantas de la
Virgen, con el intimo regocijo de agradecer en esta fecha, las gracias
recibidas!. Así lo dicen la cantidad de milagros que dejan en el templo.
Ninguno se olvida del presente a la Virgen. El simbolismo que tienen en esos
obsequio, va más allá de la materia. Es el alma, la que se rinde en el tributo.
Y ahora es la Virgen, la que sale de su
templo, para repartir a todos los pobladores las bendiciones inagotables que
siempre otorga generosa. Así lo ha hecho siempre con el pueblo de Guadalupe y
de los Cinco Pueblos que el Virrey don Francisco de Toledo, en representación
del Rey de España, donó a la Santísima Virgen.
La grandiosidad e imponencia de esta
procesión, demuestra que no sólo se reconoce la pujanza progresista de los
pueblos por su adelanto material, sino también por la inaccesible altura de
espíritu con que sostiene por los siglos, la herencia de sus mayores,
acrecentándola con actos como éste, en el que luce todo el esplendor de su
grandeza.
Por las noches, el cielo tranquilo de
Guadalupe, se vio iluminado con los relampagueantes cohetes y bombardas,
quemándose vistosos castillos de fuegos artificiales que hicieron las delicias
de grandes y chicos. Aquí se esmeraron los pirotécnicos en lograr sus más
fantásticas creaciones.
Durante toda la feria los chispazos
juguetones de la pólvora, se adueñaron de la oscuridad de los cielos, para
recordar a sus moradores que con el alba, se iniciaba un nuevo día de
bendiciones bajo el Manto Sagrado de su Virgen Venerada.
Así dejamos a Guadalupe, pueblo católico
por excelencia, en la dulce paz de que disfrutan sus felices habitantes.
¡Virgen de Guadalupe: Loor!
Fuente, Historia del Culto y Crónica de la Coronación Canónica
de Nuestra Señor de Guadalupe, 24 de octubre 1954.
Guadalupe-Provincia de Pacasmayo-Perú.
Presbitero Santiago W. Aguilar Lezama, Párroco.