Santa Patrona de los Pueblos
del Norte y Reyna Excelsa del Perú
24 de Octubre de 1954
Guadalupe-Provincia de Pacasmayo
Departamento de La Libertad
Perú
Presbítero
Santiago Wenceslao Aguilar L.
Párroco
CAPITULO IV
Colaboración Periodística
RESEÑA HISTÓRICA DE LA MILAGROSA
IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, QUE SE VENERA EN LA CIUDAD DEL MISMO
NOMBRE, EN LA PROVINCIA DE PACASMAYO
Siempre es agradable dar alguna buena nueva, sobre todo si ella se relaciona con nuestra persona, nuestra familia, nuestros más caros ideales religiosos y patrióticos. No hay ser humano que no persiga la dicha y el bienestar y no se solace con ella.
Hoy que la propaganda desenfrenada difunde por los mil medios modernos de publicidad, tantas noticias frívolas cuando no escandalosas y perturbadoras del orden social y moral, hácese necesario, como un delicioso sedante al espíritu agitado, el anuncio que proporcione a nuestro cotidiano vivir, el sosiego, la alegría y la felicidad que todos ansiamos.
Este
mensaje, esta buena nueva, es para todos; para todos los que tienen madre, para
todos los que la consagran un culto reverencial y la llevan en todo momento,
como en un trono de amor, en su corazón.
Y
como no puede concebirse que un hijo bien nacido carezca de estos nobles y
cristianos sentimientos por eso el anuncio que hacemos es halagador para todos;
lo mismo para el individuo que para la familia y para los pueblos, porque se
refiere a la madre de todos y de cada uno, a la Excelsa Madre de Dios y
dulcísima Madre Nuestra, la Santísima Virgen de Guadalupe, cuya milagrosa
imagen se va a Coronar Canónicamente en octubre del presente año en la ciudad
de Guadalupe (Provincia de Pacasmayo, Departamento de La Libertad, Perú).
Los
incontables milagros que ha obrado en el transcurso de casi cuatro siglos, los
singulares favores que ha dispensado y aún dispensa en nuestros días, los
consuelos que ha prodigado y las lágrimas que ha enjugado a los miles de devotos
que de todas partes acuden a su santuario; ciertamente que son méritos más que
suficientes para que, con todo nuestro amor y gratitud, ciñamos sus sagradas
sienes con corona de oro, entretejida con el afecto puro de nuestros corazones.
Con
ello no haremos sino manifestarle nuestro filial cariño, saldar, en parte, lo
mucho que le debemos y tenerla más propicia y misericordiosa en nuestras
necesidades espirituales y materiales.
Ninguno
puede eximirse, todos hemos de cooperar y rivalizar en vasallaje de amor a la
que, según una tradición secular es la patrona de los pueblos del norte del
Perú, y en frase de los sagrados libros, la Gloria, la Alegría y el Honor de
nuestro pueblo.
aunque
todos conocéis su milagroso origen y devoción general que los pueblos la
profesan; para solaz de nuestra alma, nos permitimos evocarlos brevemente en
los siguientes apuntes históricos.
En
el hermoso Templo Santuario de la ciudad de Guadalupe, circunscripción
territorial de la provincia de Pacasmayo, Departamento de La Libertad, en la
Arquidiócesis de Trujillo, Perú, se venera una prodigiosa y multisecular Imagen
de la Virgen de Guadalupe.
Descripción
de la Imagen. Es una bella escultura de madera policromada, de unos setenta
centímetros de alto con vestidura y manto azules, recamados de oro.
Su
rostro es muy agraciado y devoto, así como el Niño Dios, también de talla, que
sostiene en su mano siniestra, mientras que con la diestra lo estrecha
amorosamente contra su pecho. Artística corona ciñe las sienes del Hijo y de la
Madre, y una sedosa cabellera cae sobre sus hombros. Apoya sus plantas sobre un
pedestal de plata repujada con dos medias lunas del mismo metal. Agracia y
circunda a la Imagen una como aureola de plata labrada con primorosas labores
de relieve.
Su
origen. Se remonta al año 1562. El hecho lo refiere el historiador P. Antonio
de la Calancha (1), agustino, de la siguiente manera:
Vivía
en la ciudad de Trujillo, Perú, el capitán español Dn. Francisco Pérez de
Lezcano, de noble linaje, muy estimado de ricos y pobres, quien, por sus
esclarecidos hechos de armas, había recibido la encomienda del pueblo de
Chérrepe y el título de Señor de Pacasmayo.
Acaeció
cierto día que en las puertas de algunas casas aparecieron algunos libelos difamatorios contra el
Corregidor de Trujillo, su émulo. Arrastrado éste por su pasión contra el
capitán Lezcano, sin más pruebas que sus sospechas y sed de venganza, le
encarceló y sentenció a pena capital.
Deshaciado
de toda esperanza, se confesó, recibió los últimos sacramentos e hizo voto a la
Santísima Virgen de Guadalupe, que se venera en España, que si le libraba de
aquella sentencia, viajaría a España y traería una copia original de la efigie
de Nuestra Señora de Guadalupe para que fuese venerada en el territorio de Pacasmayo,
entregándosela a los religiosos de San Agustín, a quien se encomendó, donando
buena parte de sus bienes para que le diesen culto y le levantaran un templo.
Caso
providencial; en la madrugada del día en que se iba a ejecutar la sentencia, se
descubrió y apresó al verdadero delincuente, quien se declaró reo y único
culpable. Con esta declaración quedó libre y absuelto el capitán Francisco
Pérez Lezcano. Agradecido a la Santísima Virgen, puso inmediatamente en
ejecución la promesa que le había hecho, embarcándose para España.
Llegó
al Santuario de Guadalupe, hizo celebrar allí, en acción de gracias, algunas
novenas, y dio cuantísimas limosnas. Refirió el caso a los religiosos
Jerónimos, que eran los encargados del Santuario, y obtuvo permiso para sacar
un traslado o facsímil de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Mandó
hacer el devoto capitán un arca (2) forrado por dentro de finísimas telas y
ricos brocados, y por defuera de cuero labrado, y colocando en ella la Imagen,
embarcóse de regreso al Perú.
No
fueron pocos los casos maravillosos que acaecieron al atravesar a caballo el
Istmo de Panamá, pues debido a los malos caminos y pantanoso terreno, muchas
veces caían las caballerías y se mojaba la carga, sin que ninguno de estos
percances sufriesen los que traían la caja de la Virgen, atribuyéndolo los
arrieros a una especial protección de la celestial protección de la celestial
Señora. Arribó, por fin, a Panamá, y luego de un próspero viaje hasta el puerto
de Chérrepe, llegó al lugar de Guadalupe donde se la venera.
(1) "Crónica Moralizadora de la Orden de San Agustín y Sucesos Ejemplares de la Provincia del Perú", por el R.P. Fr. Antonio de la Calancha. La primera parte publicada en Barcelona en 1639 y la Segunda parte en 1653.
(2) Dicha arca se guarda hoy, bien que deteriorada, en esta Iglesia de Guadalupe.
TEMPLOS EN SU HONOR
En
el año de 1562, el devoto y agraviado capitán expuso a la veneración la sagrada
Imagen en una capilla de su huerta, mientras construía otra más apropiada.
Inmediatamente avisó al P. Fr. Juan de San Pedro, Prior a la sazón del convento
de San Agustín de Trujillo, y al P. Provincial, la causa de su voto, su viaje a
España, la traída de la Imagen, y sus deseos de que los religiosos Agustinos se
encargasen y fuesen los depositarios de aquella bendita Imagen, ofreciéndoles
terreno donde levantar un templo, heredades para sustento de los religiosos y
pensiones para el coro.
Entre
tanto que estas gestiones se llevaban a cabo, el fervoroso capitán edificó una
segunda y más decorada capilla, en un pequeño y cercano cerro, llamado Namul,
próximo a su molino.
Recibió
el Provincial, Fr. Pedro de Cepeda, la donación de la Imagen, aceptó gustoso
que sus religiosos se encargasen de su culto y dio orden al mencionado P. Prior
de Trujillo, Fr. Juan de San Pedro, y al P. Fr. Luis López, Predicador y Lector
de Teología, para que en nombre de su Religión, tomasen posesión de la Imagen
como en efecto lo hizo dicho P. Fr. Luis López, acompañado de varios religiosos,
el 6 de Junio de 1563, día de la Santísima Trinidad.
Dice
el P. Calancha que era esta segunda Capilla, en la que había trabajado como
jornalero de la Reina de los Cielos, el propio capitán Pérez de Lezcano, fue
pasto de las llamas el 7 de diciembre, pero no anota el año. Se salvó del
incendio solamente la Imagen de la Virgen, por un milagro que ella obró y que
relata minuciosamente el P. Calancha, junto con el de una niña que se cayó en
el canal del molino, y no obstante la violencia del agua en el rodozno, la
encontraron viva y sin daño alguno, gracias a un milagro que obró la Madre
Divina de Guadalupe.
Ante
la total ruina de la Capilla, los religiosos y los fieles comenzaron con todo
denuedo y fervor a la edificación de la nueva Iglesia, convento y casa de
peregrinos en la falda del mismo cerro donde el fuego había destruido la
anterior Capilla.
Añade
el historiador, R.P. Calancha, que el nuevo templo lo construyeron suntuoso,
sin dejar constancia del año que lo comenzaron y terminaron, y que en él
obró la Santísima Virgen números milagros
algunos de los cuales narra más adelante.
Seguidamente
hace notar que había al cuidado de este Santuario cincuenta religiosos, porque
tuvieron allí, durante algún tiempo, el estudiantado, y siempre la casa del
Noviciado. Así se comprende a los innumerables peregrinos que de todas partes
acudían y que el culto y devoción a la Virgen fueran tan esplendorosos.
Una
nueva desgracia vine a poner en prueba la fe y amor de los devotos a la Virgen
de Guadalupe.
El
14 de febrero de 1619, a las 11 de la mañana, un espantoso temblor de tierra, cuyos terroríficos efectos
se dejaron sentir a la distancia de más de 100 leguas, con pérdidas de muchas
vidas y destrucción de miles de casas, echó por tierra esta Iglesia, convento y
casa de peregrinos.
Lejos
de sufrir menoscabo la devoción con este infortunio, le sirvió de estímulo para
hacerla más enardecida y vigorosa, pues tanto los religiosos como las personas
devotas, todos, a porfía se esforzaron y contribuían a levantar el magnífico
templo en el que hoy se venera a la excelsa Patrona de Guadalupe.
El
P. Fr. Fernando de La Barrera, Prior en aquel entonces de Guadalupe y Definidor
Provincial, emprendedor y entusiasta, dio principios a la nueva obra el 17 del
mismo mes, o sea tres días después de la catástrofe, en un lugar distante un cuarto
de hora de la anterior. El día de San Mateo se inauguró la capilla provisional,
y ante la Imagen de la Virgen de Guadalupe se celebró la primera Misa. Aquí se
edificaron también provisionalmente las celdas y oficinas y se levantaron las
paredes del nuevo y airoso templo de piedra y ladrillo que hasta hoy perdura y
es la admiración de cuantos lo contemplan; ora por la esbeltad, sus amplias y
armoniosas dimensiones, y también por la primorosa crucería de sus bóvedas y de
la sacristía y campanario. En opinión del P. Calancha, siempre excesivamente
ponderativo de las cosas de su Orden, es el mejor y más suntuoso templo de
bóvedas que hay en cien leguas a la redonda, con ser -añade- muy hermosos no
pocos de ellos. Lo terminó el P. Fr. Francisco Castro, quien lo adornó con
colgaduras, láminas y grandes cuadros de vistosas pinturas que representaban
los principales y más celebrados milagros de la Virgen.
Construyó,
así mismo, un ángulo del grandioso claustro, y los otros tres los fabricó el P.
Maestro Fr. Hernando Maldonado, quien continúo después el claustro y habitaciones
para los religiosos. A la sombra de este Santuario, españoles e indios y se
formó la actual ciudad de Guadalupe.
CULTO MULTISECULAR
A
partir del año 1562 se ha tributado culto fervoroso a esta sagrada Imagen en las distintas Capillas y Templos que
se edificaron en su honor en Guadalupe. Debido a los muchos prodigios que
obraba en favor de sus devotos, tanto se acrecentó por pueblos y lejanas
tierras, que según afirma el P. Calancha, de no venerarse ya las portentosas
imágenes de Nuestra Señora de Copacabana y de Pucarani (lugares hoy de
Bolivia), se llevara la general devoción de todo el Perú la Madre de Dios de
Guadalupe; pues, desde Huancavelica, en el centro del Perú hasta la República del
Panamá que dista -dice- más de mil
leguas, se lleva la común devoción la Madre de Dios de Guadalupe.
En
efecto, desde sus primeros albores hasta nuestros días, muchedumbres de devotos
peregrinos, indios y mujeres, enfermos y sanos, personas de todas las clases
sociales, y no pocos clérigos de diferentes obispados que recorrían enormes
distancias y llenaban todos los caminos que conducen a Guadalupe, acudían al
Santuario a cumplir sus promesas, satisfacer su devoción, agradecer los favores
recibidos, purificar sus almas y pedir el valimiento de la Virgen de Guadalupe,
de cuyas plantas se levantaban siempre favorecidos y con el alma inundada de
celestial consuelo. Hermoso e imponente espectáculo de fe, que hoy como ayer,
nos es dado contemplar en la celebración de su magna fiesta.
SOLEMNES FIESTAS EN SU HONOR
Durante
el año celebran numerosos novenarios los peregrinos de varias provincias dice
el P. Calancha pero la fiesta principal y solemnísima es el 8 de diciembre, a
la que acuden miles de devotos. En ese día reunianse en el pueblo de Guadalupe,
que según el historiador citado no tenía sino cuatro o seis calles y doscientos
habitantes, más de cinco mil romeros, quienes no pudiendo albergarse en la casa
que tenían los religiosos para hospedaje de los peregrinos más notables,
levantaban multitud de tiendas y pabellones en el campo, dando la sensación de
una vasta y pintoresca ciudad, más vistosa que la del pueblo israelita en los
campos de Moab, por la diversidad de gentes que con sus típicos y multicolores
vestidos, hacían la más vistosa y alegre. Allí todos fraternalmente se agasajaban,
y llevados del mismo impulso de devoción, postrábanse reverentes ante la Imagen
Santa de sus amores.
Durante
los nueve días que dura la fiesta, dos religiosos no se abasto para bendecir
"medidas" (3) y tocarlas a la Sagrada Imagen; todos los devotos las
reclaman y quieren llevar consigo como prenda de singular protección de la
celestial Señora. Una serie de hechos prodigiosos que relata el P. Calancha,
confirman esta piadosa creencia.
Comienza la fiesta la víspera de la
Inmaculada, con sermón principal, porque el jubileo de cuarenta horas dura 3
días, en los cuales se predice con el Santísimo Expuesto. Durante estos tres
días los religiosos no sólo reparten el pan del Evangelio y de la Eucaristía,
sino también el material, pues en trago, pan, carneros, y legumbres dan a todos
lo conveniente, añadiendo a los pobres cuatro reales a cada uno; ganando así
méritos en recibir como Capellanes de la Virgen, y otros mayores en repartir a
los pobres como Despenseros de su Señora, que quiso que hubiera en su Santuario
una feria soberana en la que negociasen la compunción, la salud y el cielo.
Tal
es la relación que hace el P. Calancha del culto y fervorosa y veneración que
se rendía en su tiempo a esta milagrosísima Imagen de Guadalupe y que nosotros
hemos recopilado en breve síntesis.
Devoción,
otra, la más popular, la más querida de todos los pueblos de esta región norteña del Perú, que según reza la historia, con el
correr de los años y frecuente repetición de ruidosos milagros, se dilató hasta
remotas tierras, conquistando los corazones y atrayendo a este Santuario
caravanas de peregrinos. Y toda esta riada no interrumpida de devotos, llega a
nuestros días con el mismo amor, con el mismo fervor que antaño a postrarse
ante la Imagen bendita de la que es Madre y Reina, adorada de Guadalupe, para
agradecer sus maternales bondades, exponer sus necesidades espirituales y
materiales, pedirle su protección y ofrecerle tributo de su filial amor y el vasallaje
de su corazón.
Exponente de la magnitud
que alcanzaban estas fiestas religiosas aunque bajo otro aspecto, era la Gran
Feria Patronal de Guadalupe, a la que concurrían numerosos comerciantes, no
sólo del Perú sino de lejanas regiones: pues según nos refiere una inmemorial y
constante tradición, venían desde la Argentina, Chile y Ecuador, Colombia.
Venezuela, y hasta de Centro América, trayendo las más variadas manufacturas,
sendos ejemplares de ganado, cereales y sabrosas frutas...
Durante los días de esta
famosísima feria internacional, que eran los nueve que preceden a la fiesta del
8 de diciembre, realizábanse cuantiosas transacciones económicas. Hoy ha venido
a menos, debido sin duda a los modernos medios y enorme movimiento comercial que
llega a todos los pueblos. Sin embargo, en fecha todavía reciente, en 1944, se
llevó a cabo una Exposición Agropecuaria-Industrial con espléndidos resultados
económicos.
(3) Consistente en una cinta de tela exactamente igual a la medida o estatura de la Imagen a la cual es tocada.
MILAGROS OBRADOS
A lo largo de este escrito
hemos anotado alguno incidentalmente; ahora en testimonio irrecusable de la
veneración secular y no interrumpida de esta Imagen, vamos a entresacar uno que
otro de los que publica el P. Calancha, y cuyos documentos auténticos y
juramentados se guardan, según él afirma, en el archivo de su provincia del
Perú. Abreviamos la narración que hace de ellos, porque es exageradamente
prolija, y damos comienzo.
El año de 1619 vivía en
este pueblo de Guadalupe una india llamada Isabel Escoy, casada con el indio
Pedro Archunamu, ambos naturales de Jequetepeque, uno de los cinco pueblos que,
en agradecimiento a un señalado milagro, donó el Virrey Dn. Francisco de Toledo
a la Santísima Virgen de Guadalupe.
Sufría Isabel de parálisis
a los pies y manos, que la privaba de todo movimiento. En esto murió su única
hija y la llevaron a enterrar a la Iglesia. Isabel lloraba inconsolable su
desamparo, y pidió a su marido que la llevara cargada a la Iglesia para ver
sepultar a su hija. Allí, al pie del Altar de la Virgen, le pedía suplicante
que pues le había quitado la hija, la sanara de pies y manos para poder vivir
sin tanta desdicha.
Luego de estas súplicas y
quejas amorosas que dirigía a la Virgen, porque no le daba el consuelo de la
salud, llamó a su marido para que la regresara a
su casa, y al llegar a ella dijo a su esposo; déjame en el suelo porque ya
estoy sana. Con entera salud y por sus propios pies, volvió al Altar de la
Madre de Dios a darle las gracias. El milagro fue grandemente notorio, porque
todos la habían conocido tullida durante mucho tiempo, y ahora la veían
completamente sana. Agradecido el marido quedose al servicio de la Divina
Madre, y la favorecida Isabel asistió y sirvió en el templo durante todo el
resto de su vida.
La
fama de los milagros de la Virgen de Guadalupe había pasado los mares y llegado
a Panamá. Allí tuvo noticia de ellos el Virrey del Perú Dn. Francisco de
Toledo, que viajaba con su escuadra compuesta de cuatro navíos. Zarparon de
aquel puerto los cuatro navíos con rumbo al Perú y estando a la vista de Cabo
Blanco sobrevino una deshecha tempestad del mar. El peligro arreciaba por
momentos y se encontraban ya sin esperanzas de salvación. En trance tan
desesperado, el Virrey hizo promesa de visitar a la Virgen de Guadalupe, le
pidió su protección junto con todos los navegantes, y al punto el mar se
tranquilizó, y todos a una gritaron ¡milagro! ¡milagro!. La escuadra arribó con
felicidad al puerto del Callao, y al Virrey, a quien el corazón le daba saltos
de gozo y reconocimiento, desembarcó en Paita para venir por tierra al
Santuario de Guadalupe, a dar rendidas acciones de gracias a la que es Estrella
de los mares y le había salvado la vida.
Se
celebraron solemnes novenarios, dio grandes limosnas para su culto, y también
cumpliendo la promesa que había hecho, en nombre del Rey de España hizo
donación a la Virgen de cinco pueblos cercanos: San Pedro de Lloc,
Jequetepeque, Chérrepe, Pueblo Nuevo y Chepén. En virtud de esta donación,
dichos pueblos, adoctrinados por los religiosos agustinos, debían dedicarse al
culto del Santuario, procurándole cantores y turnos de indios que se ocupasen
en lo concerniente al mismo.
Nos
abstenemos de transcribir en detalles más milagros, porque juzgamos que los
reseños constituyen prueba suficiente para nuestro propósito. Por eso nos
limitamos a hacer el recuento sumario o catálogo de los que el P. Calancha
asevera que se hallan legalmente comprobados, y son los siguientes: muertos
resucitados 4; salvados de naufragios 5; de accidentes mortales 7; paralíticos
curados 3; posesos en endemoniados 2: publicados por el Sr. Párroco Presbítero
Santiago W. Aguilar en la Historia del Culto de Nuestra Señora de Guadalupe en
el Perú.
Algunos
de estos milagros se hallan representados en pequeñas pinturas hechas en tabla,
que adornan el antiguo, y tal vez primer camarín de la Virgen. De los dos que
se ven en él, el uno sin leyenda y el otro simboliza el milagro obrado en Dña.
Juana Boorquez, dama de noble familia, que padecía de epilepsia, y era además
horriblemente atormentada por el demonio, y que con solo tocar el manto de la
Virgen, quedó curada de ambos males.
Los
grandes lienzos de los más grandes milagros, que hizo pintar el P. Fr. Fernando
de la Barrera y colocó en las puertas de la Iglesia, no se sabe qué suerte han
corrido; todos han desaparecido.
Con
lo expuesto queda ampliamente probado: 1º Que el culto y Veneración de la
Santísima Virgen de Guadalupe, Perú, es multisecular, 2º Que ha llegado hasta nuestros
días, en los que florece como en sus mejores tiempos, sin interrupción alguna a
través de casi cuatro centurias, 3° Que ha realizado en todo tiempo numerosos
milagros, según lo testifican los referidos en la presente breve relación
histórica y otros muchísimos más que guardan los archivos y conserva la
tradición piadosa.
R.P Fr. Luis
Arroyo o.f.m.
GUADALUPE
Esta
ciudad, así como el distrito de su nombre, gozan del prestigio de haber ocupado
un rango especial durante la Colonia y durante los primeros cincuenta años de
la república.
Pero
el progreso ha querido restar a Guadalupe la importancia que tenía como centro
de cultura y de comercio. Pacasmayo y Chepén el puerto de mar y el puerto de
sierra, han ido restando a la hermana mayor el preferente lugar que ocupaba.
Pero,
por más que la fuerza de las cosas haya sido cruel con esta población señorial,
conserva, a despecho de toda prestancia singular que da a su fisonomía rasgos
de nobleza inconfundibles.
Fácil
es anotar que la que otrora fuera centro principal de actividades comerciales,
hoy vive dentro de una tranquilidad y apacibilidad impuestas.
No
hace muchos años que de Chepén y hasta de Pacasmayo o San Pedro, había que ir a
Guadalupe para abastecerse de muchos productos.
Allí
estaban los mejores establecimientos, los bazares mejor surtidos, las más
amplias bodegas. Hoy los habitantes de Guadalupe tienen que mandar a Pacasmayo
o a Chepén cuando necesitan algo extraordinario.
Los
amplios portales de su rancia Plaza principal ubican los almacenes de antaño
donde se elaboraran fabulosas fortunas. Algunas puertas aún se abren para
mostrar en el interior de los amplios almacenes, algún pequeño taller
industrial.
Pero
para el que conoce la tradición, para el que ama la leyenda, no puede haber
lugar tan poético y evocador como Guadalupe. Bajo los portales de su plaza
parecen deambular aún las figuras próceres de los antepasados señorones.
Su
templo de maravillosa belleza arquitectónica, monumental y evocador habla de
esas épocas en que la piedad cristiana era el principal sentimiento.
Las
ruinas del convento agustino se levantan retadoras, venciendo al tiempo y al
menosprecio de las modernas gentes. Sus claustros, carcomidos por el abandono,
todavía se imponen a la admiración del visitante como exponentes de grandeza.
Guadalupe,
es la ensoberbecida dama que, vencida a menos, exhibe su altivez entre los que
fueran sus lacayos, ahora enriquecidos. No cede su lugar aristocrático a los
avances de la democracia. No puede cederlos, porque en amparo de su señoría y
de su nobleza está el trazo de la ciudad de amplias y rectas calles que se
extienden en magnífico plano; están sus casonas de enormes patios, de portones
pesados y nobiliarios; están principalmente sus gentes conservadoras del legado
de distinción que aún no hase consumado.
Siendo,
como son, singularmente acogedoras, singularmente hospitalarias y singularmente
atentas todas las gentes de la provincia, las de Guadalupe tienen algo más,
algo que las distingue. Y es algo imprecisable. Algo que escapa a toda clasificación.
Algo que, constituye un gesto de simpatía estereotipado en todos los
semblantes; un tono que deapasona todas las voces; un ademán que convierte en
llamada todos los gestos, que da tibieza y dulzura a todas las cosas.
"Siempre
vive con nobleza quien hecho a nobleza está".
Ambiente
propicio para la amistad sin reservas; ambiente propicio para la poesía y el
ensueño. Guadalupe tiene, a pesar de su manifiesta decadencia, factores que lo
distinguen como ciudad en todas las demás de la provincia.
Fue
centro de actividades comerciales de excepcional valor. Sus tradicionales
ferias que aún se realizan cada año tuvieron continental prestigio. A la Pluma
galana y sabrosa de P. Edmundo Céspedes debemos la notable crónica que
trascribimos en éste libro sobre las Ferias de Guadalupe.
La
población de Guadalupe es actualmente de 6,000 habitantes; pero la ciudad tiene
amplitud para asilar al doble, cuando menos.
El
clima es magnífico. Y si bien los índices de los registros civiles acusan en
Guadalupe mayor coeficiente de mortalidad que en los otros distritos, ello se
debe a que en Guadalupe, está el único Hospital de Beneficencia de toda la
provincia y que, como es natural a él acuden los enfermos graves de todas las
otras ciudades y de todos los fundos.
Su
sociedad tiene al igual que la ciudad rasgos sobresalientes de distinción; pero
de una distinción sencilla y llana.
Centro
de una campiña extensa y rica, la ciudad brinda hogar a la generalidad de los
propietarios de las tierras vecinas.
En
Guadalupe existe un club social con local propio; hay un cinema que ofrece
funciones diarias.
Guadalupe,
es el único distrito de todos los del Perú donde existe una Sociedad de
Beneficencia Pública.
Tiene
dos Centros Escolares dos Escuelas Elementales, Jardín de la Infancia y un
Colegio Pre-Vocacional.
Una
Sociedad Obrera de Auxilios Mutuos, con local propio cuyo funcionamiento
progresista había elocuentemente del espíritu de orden de sus numerosos
componentes.
La
Plaza principal de Guadalupe, es de belleza destacada, y la Municipalidad
dedica a ella todos los cuidados que merece.
Tierra
privilegiada ha sido una de los heroicos hermanos Albújar y de Guarníz, los
patriotas inmolados durante la ocupación chilena, a quienes Guadalupe dedica
reverente recuerdo habiendo erigido en su memoria un obelisco en el Parque que
lleva su nombre.
Existe
en la calle de "La Victoria" la casa donde estuvo alojado el
Libertador Bolívar. Su estado revela descuido. Se trata de una propiedad
particular y sin duda a eso se debe que no se le preste la atención que merece.
Bien podía el Estado adquirirla y restaurarla, haciendo funcionar en ella
alguna repartición oficial para asegurar la conservación que merece.
Hay
en Guadalupe oficina de Correos y Telégrafos, de la Caja de Depósitos y
Consignaciones y de Teléfonos locales y de larga distancia.
EL TEMPLO DE LA SANTISIMA
VIRGEN DE GUADALUPE EL CAPITAN D. FRANCISCO PEREZ DE LEZCANO, FUNDADOR DEL
CULTO A LA MILAGROSA VIRGEN DE GUADALUPE Y DE LA CIUDAD DEL MISMO NOMBRE
El
Capitán español don Francisco Pérez de Lezcano, descendiente de noble prosapia
guerrera de Guipúzcoa, en la Vasconia, región de los Pirineos, fue un leal
compañero del Conquistador del Perú don Francisco Pizarro, de quién recibió
extensas tierras inclusive el pueblo marítimo de Chérrepe en este valle de
Pacasmayo, para que como Señor feudatario de ellas catequizara y enseñara la
doctrina cristiana a la masa de indios gentiles que vivan en ellas.
El
Capitán Lezcano, cumpliendo la obligación de avecindarse en la naciente ciudad
de Trujillo, que era como la metrópolis de esta región norteña, por ser Señor
feudatario del puerto de Chérrepe y de una amplia sección de tierras adyacentes
de cultivo de este valle, fijó su residencia en dicha ciudad, donde era muy
estimado por su afable caballerosidad y su generosa caridad para con los
pobres. En Trujillo el Capitán Lezcano contrajo matrimonio con la virtuosa y
distinguida dama doña Luisa de Mendoza, y de este matrimonio les nació una niña
que se transformó en la hermosa y recatada dama doña Graciana de Mendoza y
Lezcano que años después contrajo matrimonio con el ilustre caballero español
don Diego García de Chávez, como Pizarro natural de Trujillo de Extremadura de
España y avecindado en este valle.
Por
ese tiempo era Corregidor de Trujillo el Capitán Benel, convertido de amigo íntimo
en gratuito rival del Capitán Lezcano, contra el cual sentía un mal disimulado
odio. Y sucedió que un cierto día aparecieron en las puertas de varias casas
respetables, libelos o pasquines insultando y ridiculizando sin miramiento a
sus orgullosos moradores, dando lugar a que se armara terrible escándalo, pero
las pesquisas del Alcalde y del Corregidor resultaron infructuosas. Otro día
aparecieron nuevos libelos con mayores insultos en casas de gentes más
respetables. El embravecido vecindario organizó patrullas y ofreciendo premios
para el que descubriese al malvado que valiéndose del papel y el engrudo
enlodaba nobles reputaciones sin miramiento alguno.
Parece
que por obra del rencoroso Corregidor se presentaron dos testigos declarando
que el criminal libelista era el Capitán don Francisco Pérez de Lezcano, porque
habían visto un bulto parecido a él. El Corregidor Benel escuchó complacido tal
acusación, y al punto hizo tomar preso al inocente Capitán Lezcano, le mandó
poner grillos y una gruesa cadena de hierro a los pies, y lo encerró en una
pieza del Cabildo guardado por seis hombres. Sentenciado rápidamente la causa
por el mandón enemigo y por un juez complaciente, el Capitán Lezcano fue
condenado a muerte. Se le pasearía por las calles, publicando a voz de pregón
su delito y enseguida se le cortaría la cabeza en público cadalso.
Notificada
la sentencia, el Capitán Lezcano sintió más que la muerte la pública ofensa a
su dignidad de caballero, y ver como ese pueblo a quien él había favorecido
generosamente y aliviado sus necesidades reclamaba su muerte. Apeló de la
sentencia, pero la apelación le fue denegada. Viéndose perdido se dispuso a
morir cristianamente y recibió los sacramentos. Mas, la noche víspera del día señalado
para su ejecución apeló al Cielo protector de la inocencia. Dirigió una sentida
plegaria a la Santísima Virgen de Guadalupe que se veneraba en la provincia de Extremadura
de España, protectora de los afligidos; y le hizo el solemne voto de ir a España,
hacer sacar una copia fiel de su bellísima y milagrosísima imagen de su
Santuario de Guadalupe y traerla para que fuera venerada en este valle de
Pacasmayo si le libraba de esa muerte afrentosa, ofreciendo entregar la sagrada
imagen al cuidado de los Religiosos del Gran Padre San Agustín, primeros
catequizadores de los habitantes indígenas del valle de Pacasmayo, a quienes
daría de su hacienda todo lo que habían de necesitar para su mantenimiento y
para edificar y conservar el templo que se le dedicaría a la Reyna de los
Cielos, y para el diario servicio del culto que debería ser de magnificencia y
grandeza, dignas de la Madre de Dios; petición que fue escuchada por la
milagrosísima Virgen.
Lentas
pasaban las horas de tan histórica noche. El Capitán Lezcano reconfortado con
su oración a la Santa Madre de Dios esperaba tranquilo la muerte. Pero al amanecer
se escucharon gritos: "Aquí del Rey", "Aquí del Rey".
Acudieron las patrullas y encontraron a un zapatero que gritaba pidiendo
auxilio mientras sostenía fuertemente abrazado a un clérigo de hábito regular
que desesperadamente trataba de desasirse y escapar. La Justicia se apoderó del
infeliz burlón, mientras el zapatero decía a voces que estando alerta
trabajando en su tienda oyó golpecitos clavando algo en la puerta. Abrió de
sopetón la puerta y corrió tras un bulto que huía a quien alcanzó y le abrazó,
pidiendo socorro. En la puerta del zapatero había fijado con dos tachuelas un
papel que decía: "Para ti faltó el engrudo, indio coludo, para ti faltó el
engrudo". El clérigo se negó hablar. Y cuando el Capitán Lezcano veía
aproximarse la hora de su suplicio, escuchó voces tumultuosas que decían:
"Ya se descubrió el malhechor. El Capitán Lezcano es inocente", voces
de tranquilizadora esperanza. El Corregidor Benel tuvo, pues, que mandar
suspender la ejecución del Capitán Lezcano y ponerlo en libertad. El gran
milagro de la Virgen estaba hecho. Entonces los Padres Agustinos hicieron que
el gozoso Capitán Lezcano publicase el milagro por medio del cual la Santísima
Virgen de Guadalupe le salvó la vida, y su obligación de cumplir el voto que
había hecho de traer de España una imagen de la Virgen, fiel copia de la que se
venera en Extremadura. En cuanto al clérigo libelista, declinó la jurisdicción
invocando el fuero eclesiástico. Al fin confesó su delito. Entre tanto el
Capitán Lezcano era honrado por los nobles y aplaudido por el pueblo. El
clérigo infeliz fue sentenciado por su Ordinario pero la noche de su sentencia
escapó de la cárcel, llegó a Panamá y al atravesar el istmo el mulo que montaba
cayó en el río Chagres y cuando a nado ya iba a ganar la orilla opuesta un
horrible caimán cogiéndolo por las piernas se lo comió.
LA TRAIDA DE LA IMAGEN DE LA
SANTISIMA VIRGEN, SU ENTREGA A LOS PADRES AGUSTINOS Y FUNDACION DEL PUEBLO DE
GUADALUPE
El
Capitán don Francisco Pérez de Lezcano hondamente emocionado ante el portentoso
milagro de la Santísima Virgen de Guadalupe, ordenó sus negocios y emprendió
viaje a España, en compañía de su esposa doña Luisa de Mendoza, y habiendo
llegado al Santuario de la milagrosa Virgen de Guadalupe que cuidaban los
Religiosos Frailes de San Jerónimo, le mandó hacer piadosas novenas, le dio
cuantiosas limosnas y les pidió que le permitieran hacer entallar una imagen
copia de la bellísima imagen de la Santísima Virgen que se veneraba en ese
Santuario, refiriéndoles como la Virgen lo salvó de la muerte en Trujillo del
Perú.
Los
Padres le concedieron la licencia y el Capitán Lezcano hizo entallar la copia
de la imagen con un hábil entallador que llevó de Sevilla. La imagen resultó
primorosa y muy semejante a la del Santuario, y tanto que al verla los Padres
Jerónimos se arrepintieron de haber dado el permiso y se negaron a permitir que
el Capitán retire la nueva imagen, sin que valieran ruegos ni limosnas.
Entonces el Capitán Pérez de Lezcano acudió al Nuncio del Papa, y en vista de
las pruebas, mandó el Nuncio que los Padres Jerónimos cumplieran su promesa, y
así entregaron al Capitán Lezcano la nueva imagen de la Virgen de Guadalupe,
que el Capitán recibió con profundo amor y respeto, y grande veneración. Vistió
a la bella imagen de ricos brocados, le mandó hacer una arca forrada de telas,
la puso dentro entre tejidos de finas holandas y se embarcó para el Perú en
compañía de su esposa, radiante de alegría por que portaba su celestial tesoro.
La
navegación fue muy feliz, pues siempre sopló viento próspero, y el Capitán
Lezcano y su esposa llegaron con la santa imagen sin novedad al puerto de
Nombre de Dios en el Darien. Allí fletó mulas y siguió viaje a Panamá
entregando el arca bendita al arriero sin decirle lo que contenía. El arriero
colocó el arca entre dos fardos y emprendieron el viaje. Las mulas caían en los
atolladeros y enlodaban y mojaban los fardos, pero la mula que conducía el arca
ninguna vez cayó ni se mojó la carga. Admirado el arriero de que esa mula era
la única que caminaba sin caer, preguntó al Capitán Lezcano que contenía el
arca, porque todos los arrieros veían que esa mula caminaba sin riesgo como si
una mano la llevase de la brida. El Capitán a ruegos del arriero le dijo que en
el arca llevaba una santa imagen y muchas sagradas reliquias. El arriero se
hizo muy devoto de la santa de la caja, y cada vez que le tocaba hacía una cruz
sobre el forro que la cubría y la besaba. Llegaron sin contratiempo a Panamá, y
el Capitán y su esposa se embarcaron rumbo al Perú llevando el arca con la
gloriosa imagen. Después de próspera navegación llegaron al puerto de Chérrepe
que era una de las posesiones del Capitán Lezcano. El puerto de Chérrepe y este
valle de Pacasmayo ostentan, pues, el privilegio de haber recibido, los
primeros en el Perú, a la bellísima y milagrosísima imagen, que se le denominó
la Chapetona de la Santísima Virgen de Guadalupe, y esto fue el año de 1562,
hace 392 años.
CAPILLAS
El
Capitán Lezcano hizo levantar rápidamente una capilla, bien adornada, en un
huerto suyo donde colocó devotamente la venerada imagen de la Virgen. Dividió
el huerto en dos partes, una cerrada donde colocó la imagen, y otra parte
abierta donde se congregaba la gente, y la veneraban. Enseguida dio aviso al
Padre Maestro, Prior Agustino de Trujillo Fray Juan de San Pedro, y también al
Padre Provincial de este valle Fray Pedro de Cépeda manifestándoles que había
traído de España la santa imagen de la Virgen, y que los encargados de su cuidado
y de fomentar su culto eran ellos, los Religiosos Agustinos, como lo ofreció en
el voto que hizo a la Santísima Virgen de Guadalupe, notificándoles que estaba
listo a darles el campo que designasen para edificar el templo con las tierras
de cultivo que les proporcionasen el sustento de los religiosos y tierras
también para que con sus frutos se atiendan a los gastos que demande el culto
de la Santísima Virgen. Y mientras resolvía el Provincial que estaba visitando
los pueblos de su jurisdicción, el devoto Capitán Lezcano edificó la segunda
capilla de la Virgen dándole dimensiones de un templo, entre arboledas, en un
lugar próximo a un molino dentro de sus posesiones y en ella colocó a la bella
imagen de la Virgen hasta la llegada de los Religiosos.
Cuenta
la tradición que el Capitán Lezcano, por algún motivo resolvió llevar la
gloriosa imagen de la Virgen a Trujillo sin duda para regresarla a este valle.
Sucedió que el día del viaje, durante un corto tiempo, se adelantaron los dos
arrieros, con la santa imagen. Momentos después llegó apresurado a
incorporárseles el Capitán Lezcano, quien quedó sorprendido de no hallar a los
arrieros ni a la mula con la caja que portaba a la venerada imagen, temiendo
que hubiera ocurrido algún fatal percance, recorrió vertiginosamente el camino
hasta hallar vagando a los arrieros sin la mula. Tembloroso y con voz apagada
les preguntó dónde estaba la santa imagen, o que sucedía. Lívidos y turbados
los arrieros le dijeron que durante un pequeñísimo instante que les fue preciso
detenerse, en tan corto momento la mula desapareció con la caja como si la
hubiese comido la tierra. Al oírlos el Capitán Lezcano se sintió desfallecer, pero
tratando de reanimarse echó a correr en su caballo buscando la mula con grande
empeño. Otro tanto hicieron los arrieros durante todo ese día y también el día
siguiente. Se cuenta que al tercer día de pérdida la mula con la caja, los
arrieros la encontraron echada bajo un chope, con su carga, en un terreno cubierto
de matorrales llamado Jesús, a inmediaciones de la hacienda Faclo Chico. Los
arrieros descargaron con cuidado la mula y la sacaron a campo libre, pero
cuando intentaron levantar la caja con la imagen no la podían mover, pues
parecía una peña. Pronto llegó el Capitán y cuando intentó alzarla resultó
imposible. Entonces cayó de rodillas el Capitán Lezcano, comprendiendo que la
Virgen no deseaba salir de este valle. Abrió la caja, tomó en sus brazos a la
bella imagen y la llevó a su capilla donde la volvió a colocar. Esto cuenta la
tradición.
Continuando
la historia. El Padre Provincial Fray Pedro de Cépeda recibió con gran alegría
la donación de la celestial imagen, y expresó con grande gozo la aceptación de
que sus Religiosos fueran los favorecidos para mantener el culto y cuidado de
la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe, y mientras terminaba su visita
envió al Padre Fray Luis López, Predicador y Lector de Teología (que después fue
elevado a la dignidad de Obispo y ostentó tres merecidas mitras), para que en
nombre de la Religión tomase dichosa posesión de la gloriosa imagen de la
Santísima Virgen. El Reverendo Padre Fray Luis López en unión de los Religiosos
Agustinos Fray Baltazar Mejía, Fray Alfonso de Antequera, Fray Jerónimo de
Escobar, que después fue Obispo, Fray Diego de La Serna y Fray Jerónimo
Gabarrete tomaren posesión de la sagrada imagen de la Virgen que recibieron del
Capitán don Francisco Pérez de Lezcano, y también recibieron el sitio para el
templo el día seis de junio de 1563 que fue día de la Santísima Trinidad y día
de la fundación del pueblo hoy ciudad de Guadalupe, pues los Religiosos
Agustinos luego que recibieron la imagen de la Santísima Virgen se
establecieron en el campo al lado de ella, alrededor de su capilla, junto con
un grupo de novicios y muchos indios con el propósito de habitar allí, en la
proximidad del Santuario de tan milagrosa imagen.
Los
Religiosos Agustinos tan pronto recibieron del Capitán Lezcano y de su
distinguida esposa, la bellísima imagen de la Virgen de Guadalupe, denominada
"La Chapetona" por su procedencia de España, y la segunda hermosa
capilla que le había construido, eligieron inmediatamente el sitio que les
pareció más a propósito para levantar el nuevo templo, lugar que sería también
la sede del nuevo pueblo cristiano formado por los adoradores de la Virgen bajo
el control de los Agustinos. Y luego edificaron el primer templo dedicado a la
Santísima Virgen de Guadalupe y al Gran Padre San Agustín. Santo Patrono de los
Religiosos, de material de adobes, de modestas proporciones; y para residencia
de los Religiosos y de los novicios levantaron un convento contiguo al templo,
del mismo material de adobes, ambos a la inmediación de la base del cerro peñascoso
que los indios nombraban "Namul" y los cristianos llamaron después
"Cerrito de la Virgen", cuyos vestigios se ven allí entre añosos algarrobos.
Los
portentosos milagros de la Virgen de Guadalupe del valle de Pacasmayo, se
difundía rápidamente en alas de la fama por los valles del Perú, y pasando más
allá llegaban a Panamá y Centro América. La paternal enseñanza del Catecismo y
las fervorosas predicaciones de eminentes religiosos, atraían a los creyentes y
a sus familiares que levantaban sus modestas habitaciones cerca del templo de
la Virgen, donde se establecían definitivamente. Así se formó primero una
ranchería que día a día iba creciendo hasta convertirse en el pueblo de
Guadalupe que tomó este nombre del poético nombre de la Virgen Santísima su
fundadora y de consiguiente su Santa Patrona.
Muchos
eran los peregrinos que llegaban atraídos por la fama de los milagros de la
Virgen Santísima desde trescientas y quinientas leguas de distancia. Religiosos
de todas las órdenes, clérigos de diferentes obispados, españoles e indios,
hombres y mujeres. Unos que de sus casas salían enfermos llegaban a Guadalupe
sanos, a cumplir sus votos, dar su limosna y publicar agradecidos de su caso. Otros
llegaban enfermos a pedirle con grande fe les conceda la salud
En
el primer Convento de Guadalupe, situado próximo al cerro, había ordinariamente
cincuenta Religiosos y muchos estudiantes que aprendían a leer, a escribir, a
rezar y a servir a Dios y a la Santísima Virgen de Guadalupe con cánticos,
oraciones y muy limpia conducta. Del noviciado de ese convento salieron religiosos
ejemplares, como el Padre Maestro Fray Francisco de Castro que gobernó esta
provincia con el título de Provincial en 1638, y el Padre Maestro Fray Miguel
Romero que por ese mismo tiempo llegó a ser Prior Agustino de Lima. Y así
muchos otros dignos religiosos.
EL TEMPLO DE LA SANTISIMA
VIRGEN DE GUADALUPE
El
bellísimo templo, Santuario de la Santísima Virgen de Guadalupe, de hermosa
construcción arquitectónica, ha permanecido durante más de trescientos años en
grande actividad de frecuencia de visitas de multitudes de peregrinos y
devotos; después de muchos años, y retirados los Padres Agustinos la
magnificencia de tan valiosa joya, declarada monumento arqueológico, permaneció
primero estacionaria, y después entró en un período de decadencia. Los
magníficos claustros adyacentes se fueron destruyendo y el edificio todo
amenazaba ruina. Mas, a través del tiempo, ha permitido el grande poder de la
Santísima Virgen de Guadalupe que fuera nombrado párroco de la notable ciudad
de Guadalupe, el activo, enérgico y honorable señor Cura don Wenceslao Aguilar,
en quien parece que estuviera encarnado el fervoroso espíritu devoto de su
grande hijo el Capitán don Francisco Pérez de Lezcano, de muy grata memoria, pues
el citado párroco actual doctor Wenceslao Aguilar, ama a la Santísima Virgen de
Guadalupe con amor tan tierno, tan profundo que en su conversación derrama esos
sentimientos de grandísimo amor a la milagrosísima Virgen con palabras
conmovedoras y acciones admirables y convincentes.
Desde
su plausible llegada a Guadalupe, hizo sentir su enérgica actividad y su
ardoroso celo por el bien del culto de la venerada imagen, de la Santísima
Patrona de la ciudad. Preparó alcancías -ad hoc- para recibir bajo llave las
valiosas limosnas de los fieles, fondos que maneja con la más acrisolada y
ejemplarizadora honradez. Con entusiastas y elocuentes frases invita a sus
pudientes feligreses a contribuir con sus generosos donativos, y así con estos
aportes y con las importantes limosnas que los fieles depositan en la alcancía
parroquial, durante las concurridas festividades del 8 de diciembre de cada
año, este digno sacerdote dio el ejemplo grandioso de coronar a la Santísima Virgen
de Guadalupe primero privadamente, con una valiosa corona de oro, digno
homenaje a la Madre de Dios, cosa imposible de realizar durante los largos años
anteriores a la actual magnífica labor de este notable Sacerdote; también hizo construir,
con la plata de la gran cantidad de milagros con que los fieles piden o
agradecen los favores de la Santísima Virgen, un bello y valioso arco de plata
macizo, con que exalta la majestad de la Reina de los Cielos, adornando las
andas durante las procesiones. Así mismo, el activísimo doctor Aguilar presenta
muy bien pintado y hermoseado el gran altar Mayor del templo, y todo el sagrado
edificio, en su total extensión, inclusive sus altas bóvedas adornadas de
bellas lacerías. Desde que se penetra en el templo de Guadalupe, se siente gran
atracción y recogimiento. El párroco Sr. Aguilar presenta dos nuevos y bellos
altares bajo el amplio Coro; el de San Isidro, Patrón de los agricultores a la
derecha, y el de el gran San Antonio a la izquierda, ambos altares muy bien
tenidos y nuevos. Después de observar los altares laterales antiguos, embellecidos:
el del majestuoso Sagrado Corazón de Jesús al medio y el de la Santísima Virgen
del Perpetuo Socorro; y en el lado izquierdo el de la Santísima Virgen del
Carmen, el bautisterio y el de Cristo Crucificado. Después, al altar del Señor
de los Milagros, el de San Francisco de Asís. etc. Pero, mueve a la admiración
el imponente Altar Mayor, de líneas elegantes y sobrias, con sus esbeltas columnas
pintadas de blanco, su magnífico Recamarin donde yace Jesús Hostia, Dios vivo,
alumbrado por una lámpara; más arriba el bellísimo trono de la Santísima Virgen
de Guadalupe, donde brilla la belleza de la Virgen adornada con su valiosísima
corona de oro y piedras preciosas mandada fabricar en la mejor joyería de Lima;
sus no menos valiosos aretes, su media luna de plata, y su rica capa o manto
bordado de oro, joyas con que la devoción y amor contribuye a honrar a la
Santísima Virgen y más alto, el trono del Gran Patrón San Agustín, Patrón del
templo y del pueblo, y de los agustinos fundadores de este hermoso templo.
También
admiramos las tres piezas de la grandiosa Sacristía, con sus magníficos
muebles, entre ellos el arca con el regio manto con el cual fue coronada
canónicamente la Santísima Virgen de Guadalupe por el Nuncio del Papa, el 24 de
Octubre del año 1954, y otro rico manto. Admiramos el magnífico piso de las
piezas, donde el digno Sacerdote tiene su sencillo catre y su cama. En el
templo se admira también la iluminación eléctrica por medio de un aparato
electrógeno adquirido por el acucioso señor Cura Aguilar, y en el amplio Coro
existe un magnífico órgano, que habiendo estado muchos años en mal estado, el
activo Cura Aguilar lo ha hecho reparar por un competente compositor
extranjero.
El hecho más estupendo de la labor del
doctor Aguilar fue la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de Guadalupe
llevada a efecto el 24 de Octubre de 1954, corriendo, por el Nuncio del Papa,
apadrinada por el Presidente General Odría y su esposa, con la concurrencia de
Ministros, Prefecto del Departamento, Obispos de diferentes lugares y numerosísima
concurrencia de fieles creyentes. Nuestra más cálida felicitación al doctor
Wenceslao Aguilar.
José Amílcar
Torres.
GUADALUPE DE FIESTA
De
"La Industria"
Por:
Alejandro Cerna Rebaza Meléndez.
Ya
el pueblo de Guadalupe se apresta a rendir homenaje a su excelsa patrona.
Ya
su graciosa Iglesia tiene ahora el color de su cielo. Cielo prístino, sereno,
diáfano y sutil. Cielo sin garzas de nubes. Cielo que invita a la dulce
meditación y a la honda plegaria.
Todo
está limpio y ordenado. Las esbeltas palmeras de su Plaza Mayor se cimbran al
ritmo de un suave céfiro. Bombardas y cohetones rasgan el sideral espacio. Las
bandas musicales tocan marchas y alegres tonadas. Altoparlantes transmiten
arpegioso cadenciosos. Los niños con su eterna simpatía cantan en las escuelas
himnos sacros. Hombres y mujeres de distintas edades forman diversos grupos.
Hay policromía en telas y cosas. Belleza por doquier en los cuerpos curvilíneos
de muchachas plenas de vida y de salpicante gracia. Ya se columbra el Día Magno
de la Coronación. Hasta el tiempo se ha tornado apacible. Todos quieren aportar
algo para que su Reina se vuelva aún más relinda y divina. El que no tiene
dinero da a raudales su espíritu abierto, sincero y bueno. Da su entusiasmo
generoso y pródigo. Y da su fe, esa fe que mueve montañas y que es un tesoro de
incalculable valor.
El
hombre del campo que vive en entrañable y amorosa conjunción con la madre
tierra, ha dejado en descanso la azada y el pico, y con el vestido dominguero
ha marchado con los suyos a su Virgencita querida. Los viejecitos cargados de
años y de desilusiones se han despojado de sus dolores y miserias y así gozosos
y felices deambulan por esas calles de Dios y hasta se diría que sólo fueren
niños grandes. El Templo lleno de luces y de flores ya está engalanado como
nunca. Las joyas están en los corazones de piadosos devotos. Y refulgen las
gemas en las pupilas de peregrinos y fieles. Si las lágrimas surcan las
mejillas es porque también se llora de alegría y de puro contento.
Y
ella la Reina, la Virgencita de Guadalupe desde su Trono bendice a todos
tiernamente. Está más linda que nunca la Madre Celestial.
Su
Niño-Dios en sus brazos da la sensación de un Niñito terrenal.
La
Virgencita ha trocado su imagen en algo casi real. Su ovalado rostro está
arrebolado. Sus sedosos bucles juguetean y se mecen ligeramente.
Sus
ojos piadosos, hondos y expresivos cómo, pero como saben mirar. Ojos que se
hicieron para alumbrar las noches inciertas de nuestras vidas.
Sus
labios de pétalo grana sonríen inefablemente. Hay instantes que parece que
quisiera hablar.
Ahora
la Virgen de Guadalupe siente henchido su pecho. Toda ella es amor y piedad.
La
rica Corona que en su delicada cabecita reposa, hay brillos radiantes que
rutilan sin cesar. Pero hay un oro que al mismo oro hace palidecer. Es una
aureola de luz y misterio. Y es el mismo cielo que en la Virgen está. Dijérase
que hasta llora también de felicidad....
Fuera
flamean las banderas. Fuegos de artificio arrojan cascadas de luces
multicolores, ora es un rojo sangre, un verde intenso, un gualda caprichoso o
un azul de cielo.
Hay
estrellas de meteórico paso. Mil gritos pueblan el cosmo con Vivas y Hurras,
Vivanderas en quioscos y Carpas ofrecen ricos yantares y vivas y hurras.
Hay
dulces y golosinas de apartados lugares. Parejas eufóricas no se cansan de
bailar. Pañuelitos en alto, pies en espiral, movimientos eléctricos y un cajón
tocado con soberbia maestría. Ese baile de sello inconfundible es nuestra ya
clásica marinera.
Todo
es contagiosa alegría. Desborde de gozo de un buen vivir, entusiasmo. Telúrico
Penas
y tristezas se dejaron de pronto. La miseria se cubrió con un manto de
esperanza. Al rictus de dolor devino un balsámico consuelo. Y como nunca el
presente se volvió el ayer. Ese presente que es síntesis del pasado por hacerse
porvenir.
Renacieron
como cuentas de un largo rosario las leyendas y consejas. En los hogares ricos
y pobres se extrajo del cofre de los recuerdos, la plática sobre los milagros y
prodigios de la Virgen Guadalupana.
Sus
taumatúrgicas curaciones, su oposición cuando quisieron cambiarla de lugar, en
fin todos los portentos que de ella se derivaron.
Los
siglos pese al continuo avatar han logrado cimentar una devoción que perdurará
mientras haya un soplo de vida en Guadalupe, y mientras exista asimismo un
Guadalupano de corazón.
Por
eso ahora el tiempo se ha detenido.
Ha
florecido una época que se creyó perdida para siempre. Y otra vez la
Virgencita, buena ha operado un milagro portentoso.
Juntar
hermanamente a todos los pobladores de este pedazo bendito de tierra del Perú.
Revivir
la Fe. Hacer que todos se olviden -aunque sea por breves momentos- de sus
luchas y problemas cotidianos y hacer que en propios y extraños aflore la risa
cantarina. Y en los labios la oración y la dulce plegaria.
Que
esta Coronación marque un nuevo hito.
Que
su fama sea tal, que, los niños mañana cuando ya sean hombres puedan exclamar:
Yo
tuve la inmensa satisfacción de asistir de pequeño a la Coronación de la Virgen
de Guadalupe. Ni los años, ni mil vicisitudes me han hecho olvidar tan grato e
imperecedero recuerdo.
GUADALUPE ANTE LA HISTORIA
De "La Industria" de Trujillo
"Para ti
faltó el engrudo indio agudo"
Por: el Canónigo Telmo Zegarra Andrade.
Fue
el 9 de Diciembre de 1531, en que Méjico presenció atónito y conmovido, el
Primer Prodigio extraordinario y Divino de la Madre de Dios, en que la
Santísima Virgen María de Guadalupe, queriendo dar un testimonio fehaciente de
su maternal Amor, para sus Hijos de Indias, obra el Milagro de su Aparición
Corporea y tangible, en presencia del humilde y santo Indio, Juan Diego, en las
cimas del monte Tepeyac.
Las
rosas que aquel entonces florecieron y que dibujaron la efigie de la Virgen
Morena, siguen floreciendo y aumentando. Fray Juan de Zumarragua, sigue
creyendo y adorando los designios de Dios. El Milagro subsiste y el Privilegio
se repite.
El
Perú y Méjico, que se identifican en el esplendor de su grandeza y se confunden
en la espiritualidad santificada de un Amor. Rivalizan magnánimos y gigantes en
la devoción más ardiente y unitiva de amor a la Madre de Dios.
La
Historia del Culto Mariano en el Perú y América así lo dice. Lo confirman sus
santuarios y Basílicas, levantadas en honor de la excelsa Madre del Amor
Hermoso. Sin pretender narrar la Historia Sobrenatural de los santuarios y
devociones populares de la Virgen de Copacabana en los límites del Perú y Bolivia;
la de Luján en la Argentina; la del Cisne en el Ecuador; la del Carmen en
Chile; la del Rosario en Lima, la de Chapí en Arequipa; la del Valle en
Huánuco; la del Tránsito en Huancavelica; la de Belén en el Cuzco; la de
Dolores en Cajamarca; la de Alta Gracia en Huamachuco; la de la Candelaria en
Caima; la de La Legua en el Callao; la de Cocharcas en Parinacochas y de La
Puerta en Otuzco. Quiero ahora referirme ligeramente a la Histórica y Milagrosa
Imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe de Pacasmayo.
Las
primeras imágenes que nos recuerda la historia de Guadalupe, se remonta al año
1122, en el Pontificado de Gregorio Magno, que teniendo una de estas sagradas
efigies, amparó e iluminó su sapientísimo Gobierno e inspiró las Cruzadas. A
sus pies oraron San Isidro y San Leandro de Sevilla. En los Montes de Guadalupe
de Extremadura de España, al igual que en Zaragoza, hace más tarde su Aparición
en el Anahuac y después en las tierras benditas del Incario. Cuenta el Reverendo
Padre Fray Antonio de la Calancha, en su
Libro: "Crónica Moralizadora de la Orden de San Agustín y sus Ejemplares
Sucesos en el Perú". Corría el año de Gracia de 1560, en que la ciudad de
Trujillo, crecía y crecía, como un dulce oasis de descanso y de reposo. Su
ambiente familiar de abolengo y de nobleza, se vio de repente nublado por
intrigas y pasquines, infamante e injuriosos para el Corregidor, Alcaldes, Intendentes,
Alguaciles, Justicias Mayores, Síndicos, Prelados, Cofrades y Religiosos. Entre
los bravos soldados de la Conquista, que habían luchado por su dominio y
pacificación se destacaba por su valor e hidalguía: el Capitán Francisco Pérez
de Lezcano, quién había recibido la ubérrima Encomienda de Chérrepe y
Guadalupe. Su prosperidad era tal, que llegó a tener enemigos encubiertos, que
trataban por todos los medios de hacerle daño. Entre los enemigos gratuitos del
Capitán Pérez de Lezcano se encontraba el Corregidor de Trujillo. La ocasión de
vengarse la encontró, cuando un buen día amaneció la ciudad lleno de Libelos
infamatorios. Se desplegan las pesquisas y se acrecienta la vigilancia para dar
con el autor de los Panfletos injuriosos, que cada día aumentaban en cantidad e
insultos. Se rondó la ciudad. Se ofreció pingües premios al que descubriese al
autor. Días van, días vienen. ¡Señor Corregidor!. ¡Señor
Corregidor!............Hemos dado con el difamador, se trata del Capitán
Francisco Pérez de Lezcano, dicen dos sujetos fornidos de instinto diabólico.
¡Que
lo prendan y lo traigan!. Fue la exclamación del Corregidor. Había llegado la
hora de la venganza y era necesario de castigarlo. Y sin sumario y sin testigos
como Pilatos, Juez inicuo y cobarde lo sentencia a morir en la horca en la
plaza pública de Trujillo, después de flagelarlo por las calles a la voz del
Pregón que denunciaba sus delitos. De nada valió las razones que se alegaron;
los motivos que se expusieron y las influencias que se valieron. La voluntad del
Corregidor era inquebrantable. ¡Que le corten la cabeza, había dicho!
El
reo apela de la sentencia y no se la conceden. Se confiesa y comulga y pide una
gracia, que lo dejen implorar los auxilios de la Santísima Virgen de Guadalupe,
que como Madre amorosísima lo defenderá en la hora de la Prueba y de la
desgracia. ¡Ella conoce si soy culpable o no, dice el Capitán Pérez de Lezcano.
"Te ofrezco Divina Señora, si me libras de la muerte infame de los
hombres, que me quieren dar injustamente, traer de Extremadura de España una
réplica de tu imagen sagrada, que fuese venerada en el Valle de
Pacasmayo"...... Pasó una larga noche en Capilla, en los bajos del actual
Municipio, esperando la cruel e injusta sentencia. Al día siguiente, se oye por las calles gran rumor de gentes y a
un reo, que conducían a empellones a presencia del Corregidor. ¡Señor dijeron,
he allí, al difamador, lo hemos encontrado infraganti!, ¡Cómo lo saben exclamó
el Juez! Señor, dijo un zapatero. Me encontraba en mi taller trabajando, a
altas horas de la noche, cuando oí dar unos golpes en la puerta cerrada, como
si clavasen algo, con la rapidez del rayo abrí la puerta y hallé a este sujeto,
que traigo aquí!.
Al
ser sorprendido, como buen chapetón dijo: "Hombre! Para ti faltó el
engrudo, indio agudo. Para ti faltó el engrudo!
Ante
el severo Tribunal, el delincuente confesó su pecado y un día lúgubre huye de
la cárcel y al pasar con su mulo un río es arrastrado por las aguas y devorado
por un caimán. Pues pecó mordiendo y penó mordido. El pueblo que esperaba el
cruel suplicio, al tener conocimiento de la inocencia y milagro de la Virgen,
se remolina y pide en voz en cuello la libertad y suspensión de la sentencia de
muerte del Capitán Pérez de Lezcano ¡El Milagro se había obrado!.
El
reconocido Capitán de Lezcano, cumple su Voto y promesa de traer una Imagen de
Guadalupe de España. Emprende viaje a la Metrópoli, se entrevista con los
Padres Jerónimos y obtiene de ellos una copia exacta de la Virgen. Se embarca,
en 1562 y llega a Chérrepe, con su divina carga y levanta en su huerta de
Guadalupe su primera Ermita, haciendo entrega de esta Soberana Joya a los
Padres Agustinos a Fray Pedro de Cépeda, Provincial, a Fray Juan de San Pedro,
Prior de Trujillo, quienes edificaron el hermoso templo que hoy existe, origen
de la Fundación del Pueblo y Parroquia de Guadalupe.
Entre
los innumerables milagros que se cuentan de la Celestial Señora, se dice, la de
resurrección de un indio, llamado Hernando Tusa. Se encontraba este ensillando
un brioso caballo, cuando fue disparado por un fuerte coz, dejándolo muerto
instantáneamente. Su patrón lo abandona y los indios lo recogen. Más, en la
litera fúnebre lo conducen a la Iglesia. Cuál no sería sorpresa de los
Religiosos, cuando al día siguiente muy temprano al ir a rezar Maitines,
encuentran al indio sonriente y vivo. Preguntado por ello, manifestó, que
durante la noche una Señora Hermosísima, se acercó a él, lo tomó de la mano y
le dio vida. En 1571, Martín de Garay, es sacado de las aguas del mar que había
naufragado y conducido a tierra, sano y salvo.
¡Salve
Virgen de Guadalupe, portento de maravillas! ¡Recibe la ofrenda que mi amor te
ofrece!: Accipe Coronam, cuam tibi, Dominus praeparavit in aeternum!
Canónigo
Telmo Zegarra
Andrade
Trujillo, 24
de octubre de 1954.
FUE CONSTRUIDA POR UN ARQUITECTO MULATO
Tricentenaria
Iglesia de Guadalupe
Por:
Carlos Alfonso Ríos,
Harold
E. Wethey, Profesor de Arte de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, y
erudito de la cultura hispánica en general ha publicado recientemente, bajo los
auspicios de la Universidad de Harvard, un estudio del arte virreinal de
nuestro país en su obra titulada "Colonial Architecture and Sculpture in Perú",
que es lo más completo que se haya hecho hasta ahora sobre dicho interesante
tema.
Con
material de primera mano, -pues Wethey ha recorrido el Perú en toda su
extensión-, lucidez científica y apreciación estética inobjetable, ha
presentado un libro inapreciable para los estudiosos del arte en general. Con
320 páginas de texto y 366 magníficos fotograbados, el autor hace una
fascinante descripción de las joyas originales de nuestro arte mestizo, fruto
híbrido de la tradición nativa y de la cultura hispánica.
Entre
los monumentos arquitectónicos coloniales más valiosos de nuestro país, Wethey
señala la Iglesia y convento de Guadalupe, provincia de Pacasmayo, que junto
con sus similares de San Agustín de Saña y Copacabana. Bolivia, serían las
expresiones más puras de la arquitectura barroca en la América del Sur.
GUADALUPE
El
antiguo monasterio agustino de nuestra Señora de Guadalupe se yergue en la
villa que heredó su nombre, situada sobre la Carretera Panamericana a 130
kilómetros al norte de Trujillo.
La
antigüedad de la iglesia y el claustro son señalados con exactitud por
Calancha, quien indica que el edificio levantado en 1564 fue derribado por el
gran terremoto de 1619. Tres días después, el 17 de mayo de 1619, fue escogido
el lugar de la nueva construcción a una distancia de un cuarto de legua de su
primera ubicación. La actual iglesia y claustro fueron erigidos, por lo tanto
en mil seiscientos veintitantos. Desde que Calancha fue prior de los Agustinos
en Trujillo durante la época del terremoto, no hay razón alguna para dudar de
la exactitud de su afirmación. El habla de "la más suntuosa iglesia de
bóvedas y lacerías" terminología usual en el siglo XVII para describir
bóvedas góticas con arcos decorativos: perspicazmente da énfasis también al
"suntuoso claustro" y sus admirables bóvedas.
El
plano de la iglesia de Guadalupe, es del tipo corriente, de una sola nave con
un coro elevado.
La
parte exterior del templo, varias veces reformada, ha perdido su aspecto
original.
El
gran claustro de una sola planta es severamente clásico y austero en el uso de
la media columna dórica adosada a cada uno de los adornados entrepaños del lado
del atrio. Arcos de aristas simples, techos de ladrillos, descansan sobre
repisas adosadas al muro y a los entrepaños. La portada del claustro, verdadera
esencia de la dignidad del último periodo del Renacimiento, supera lejos a este
respecto a la de San Agustín de Saña. Sus columnas dóricas y tímpanos moldeados
carecen severamente de todo adorno.
Hacia
la derecha, el campanario de dos arcos abiertos tiene un tratamiento rústico
muy interesante, igualmente que las tres ventanas que se abren en el segundo
piso de los claustro monásticos. El material de construcción en toda la obra es
de ladrillo cubierto con estuco.
La
iglesia de San Pedro de Lloc, a corta distancia al sur de Guadalupe, ha sufrido
considerablemente a causa de las restauraciones. Actualmente es a lo más una
construcción provinciana, pero tiene sin embargo una interesante portada
principal.
SOBRE LA PRÓXIMA CORONACIÓN
CANÓNICA DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Por:
Alejandro Araujo.
Con motivo de celebrarse a fines del presente año el centenario de la Definición del Dogma de la Inmaculada Concepción de María y del V Congreso Eucarístico Nacional, se llevará a cabo en el próximo mes de Octubre la solemne Coronación Canónica de la Virgen Inmaculada de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de la ciudad de este mismo nombre, de la Provincia de Pacasmayo, Departamento de La Libertad.
Todos
los feligreses del Perú y principalmente los de esta circunscripción
territorial se aprestan fervorosamente para asistir a este magno acontecimiento
religioso que revestirá los caracteres de una brillante demostración de fe, de
amor y gratitud hacia nuestra Inmaculada Madre, por las innumerables gracias y
extraordinarios milagros que desde tiempo viene dispensando en todos los
pueblos y ciudades de nuestra querida patria, según reza la circular del
Arzobispo de Trujillo que tenemos a la vista.
Desde
hace muchos siglos, los religiosos, teólogos y filósofos de la religión
católica, defendieron contra todo género de adversarios, el Dogma augusto de la
Inmaculada Concepción, figurando entre los doctos de la Iglesia que se
adelantaron a la declaración pontificia del Dogma, los Lanuza y los Fernando de
Araujo de la Universidad de Lima, proclamando con las fuerzas victoriosas de la
Fe y del raciocinio que María Santísima, concebida así en Gracia como en
Gloria, vino al mundo exenta del fomes del pecado, para ser la celestial
esposa, tabernáculo de la Santísima Trinidad, sagrario de Dios, oliva de Paz
que a la especie humana trajo la divina Redención.
Con
la definición de PIO IX, hace cien años, el Dogma de la Inmaculada prevalece
sobre el error de sus contradictores, ya que la impureza de María maternal de
la Reina de los Ángeles, sería incompatible con la divinidad del Hijo, de cuya
exención en cuanto a Hombres, habla de participar por la bienaventurada Madre.
ORIGEN DE LA VIRGEN DE
GUADALUPE
La
efigie de Nuestra Señora de Guadalupe es célebre por su antigüedad y por lo
antiguo del culto, ya que los pueblos del Norte mantienen una singular devoción
desde los primeros años de la intercesión de las innumerables gracias
concedidas de parte de Dios, por intercesión de la Inmaculada Virgen, en favor
de los feligreses.
Nuestro
tradicionista don Ricardo Palma autor de las “Tradiciones Peruanas” cuya
lectura tanto deleita a los lectores, por la gracia y agudeza del ingenio
criollo y la elegancia del lenguaje culto y esmerado que están escritas nos
relata una leyenda sobre el ayer de Trujillo que titula "Los Pasquines del
Bachiller Pajalarga" Tradición sobre el origen de la Fiesta y Feria de
Guadalupe, en la Provincia de Pacasmayo, tradición inspirada en la lectura de
"La Crónica Moralizadora del Orden de San Agustín de la Provincia del Perú”,
impresa en Barcelona en 1638 por el Padre Fray Antonio de la Calancha.
Antes
de pasar a la tradición de Palma, digamos algo de la Orden de San Agustín y del
Padre Calancha:
A
los quince años de fundada Lima por el extremeño don Francisco Pizarro y
Gonzáles, a solicitud del Emperador Carlos V que había pedido a los Superiores
de la Orden de San Agustín, en España, el envío de religiosos de esa
Congregación a estas tierras recientemente conquistadas, llegó el primer
religioso agustino Padre Fray Agustín de la Santísima Trinidad en 1548, mandado
por la Provincia de Castilla, como precursor de los que vendrían después.
Fue
en Julio de 1551 que arribaba al Callao la primera misión formal compuesta de
12 religiosos, modelos de virtud y de abnegación apostólica, siendo el Superior
de los demás Padre Fray Andrés de Salazar estableciéndose primero en lo que
está hoy en San Marcelo, y allí construyeron su primer convento e Iglesia.
Fue
la Orden de San Agustín la primera en publicar la CRONICA de su Orden. Hizolo
un criollo de estos reinos, natural de Chuquisaca, nació en 1584, doctorado en
San Marcos, llamado Antonio de la Calancha. Prior varias veces de su Orden. En
1638 dio a la estampa, en Barcelona, su Crónica Moralizadora del Orden de San
Agustín en el Perú. En dicha obra, dividida en cuatro tomos, nos refiere
Calancha el origen, fundación y primeras empresas de los Agustinos en el Perú.
Esta obra, como las demás CRONICAS de los Conventos de religiosos en Lima,
reflejan el fiel espejo, aquel estado intelectual de la Colonia, con ese
criterio intransigente y supersticioso, y en estilo pesado y fatigoso. Narran
la vida de los Santos, los milagros y aparecimientos, las fiestas, las
agitaciones y lucha de elecciones en los Conventos. Hay en las obras de
Calancha informaciones interesantes relativas a los indios costeños, sobre sus
creencias y supersticiones e idolatrías.
Después
de la muerte del Padre Calancha acaecida en 1651, su continuador el Padre Fray
Bernardo de Torres se encargó de la edición de los numerosos manuscritos
dejados por Calancha, dando a luz la CRONICA MORALIZADORA DE LA PROVINCIA DEL
PERU DEL ORDEN DE SAN AGUSTIN, NUESTRO PADRE. TOMO II. Estos relatos debían
constar de 5 libros, pero sólo se publicaron el primero y quinto. También dejó
escrita Calancha una RELACION DE LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS, en 1647, la
misma que permaneció inédita, en los archivos de India de Sevilla, guardado por
espacio de 273 años y del mismo que se obtuvo copia y que el doctor Luis A.
Eguiguren la hizo publicar en 1921, según nos lo refiere el Padre Rubén Vargas
Ugarte S. J. en su importante obra HISTORIA DEL PERU, FUENTES -2da. Edición-
Pág. 208 y sig. Imp. Gil A. A-Lima 1945.
Y
vamos ahora con la tradición de Palma, que resumiendo dice:
Que
allá por los años recientes de la conquista española, llegaron al Perú dos peninsulares
don Francisco Pérez de Lezcano y don Jerónimo Benel ambos naturales de
Extremadura.
Dichos
aventureros, compañeros inseparables, prestaron importantes servicios al Rey en
estas tierras del Virreinato del Perú, pues ambos tomaron parte activa en
sofocar debelaciones y movimientos subversivos contra la corona que de continuo
se sucedían en el Sur del territorio conquistado.
Por
los merecimientos y servicios prestados a favor de las fuerzas realistas, tanto
Lezcano como Benel que habían llegado a obtener el grado de Capitán de los
ejércitos reales, consiguieron del tercer Virrey del Perú don Andrés Hurtado de
Mendoza, Marqués de Cañete, en el reinado de su Majestad don Felipe II, se les
concediera, al primero extensas tierras en la jurisdicción de Chérrepe (actual
caleta al sur de Lagunas, pertenecientes en lo político a la Provincia de
Chiclayo, valle de SAÑA, y en lo marítimo bajo la dependencia de la Aduana de
Pacasmayo) y a Benel se le nombró Corregidor de Trujillo, ciudad fundada por
Pizarro en 1535 o 1536.
Después
de algún tiempo de permanencia en Chérrepe, el capitán Pérez de Lezcano, dueño
ya de fortuna, resolvió trasladarse a Trujillo y radicarse en esa ciudad, su
joven y bella esposa, a pesar de que en esa ciudad desempeñaba el cargo de Maestre
de Campo su paisano el Capitán Benel, con quien, después de ser inseparables
amigos, se encontraban distanciados y enemistados por el amor de una mujer,
pues ambos castellanos se disputaron el cariño de la hermosa y apuesta muchacha
de veinte abriles doña Luisa de Mendoza, con la misma que Pérez de Lezcano
contrajo matrimonio.
Poco
tiempo después de avecindarse el Capitán Lezcano en Trujillo, apareció un buen
día, pegado en la puerta de un connotado personaje de ese lugar, un cartel
difamatorio vilipendiándolo y calumniando a las mujeres, levantando esto un
toletole en toda la ciudad, protestando el vecindario de esta felonía y
preparándose a castigar merecidamente al malvado autor de esos pasquines que
sembraban la cizaña entre los moradores de la referida ciudad.
Ni las mismas autoridades de Trujillo, se escaparon de esos sirapismos que tanto los quemaba, llegando a aplicarle uno al mismo Maestro de Campo, Capitán Benel, que así decía:
es solapado bellaco;
desde los tiempos de Caco
no hay uñas como las de él.
Y
así como este, se repetían muchos otros cartelas difamatorios ese desconocido
para autoridades y damas trujillanas, provenientes de hijo de Pasquino, a quien
se le buscaba para aplicarle su merecido castigo. Días van, días vienen, y las
malditas inscripciones se suceden en la oscuridad y el silencio de las noches.
Por fin, un buen día, muy temprano, presentáronse ante las autoridades del
lugar, dos hombres a denunciar al Capitán don Francisco Pérez de Lezcano como
presunto reo de tamaña infamia. Dijeron que habían visto un encapado pegando
carteles en las puertas; que lo siguieron a la distancia: que lo vieron entrar
en la casa de éste y que, por la talla y andares, se les figuraba ser el mismo
a quien acusaban.
No
quedando dudas sobre quién era el autor de los pasquines que tanto escándalo
provocó en el vecindario trujillano, el extremeño Lezcano fue apresado,
encarcelado y rápidamente la justicia lo declaró convicto de su crimen, que por
entonces se penaba con severidad. Créese que dada la desavenencia de Lezcano
con Benel, este último influyó para que la justicia no marchara esta vez, como
acostumbraba esta buena señora, con pies de plomo.
A
pesar de su inocencia e inculpabilidad de la calumnia que se le imputaba y, sin
tener las facilidades que a otros reos se les daba para defenderse de este
proceso que se le había tramado, la justicia lo sentenció y lo condenó a salir
en bestia de albarda, con pregonero que publicase su delito y a que le fuera
cortada la cabeza en público cadalso, para ejemplo de asesinos de la honra
ajena y como justo desagravio social. Se le leyó la sentencia al reo en su
prisión y este esperó resignado el momento fatal, encomendándose como buen
cristiano y creyente a la Virgen de Guadalupe de su tierra natal Extremadura,
demandándole su gracia y amparo en las tribulaciones de su vida. Por doquiera
invocó siempre su nombre y nunca lo desamparó. Madre mía, dijole, con todo amor
me postro a tus pies, te entrego mi corazón y ruego me auxilies en la hora de mi
pronta muerte.
Hallándose
en capilla nuestro infeliz Capitán Pérez de Lezcano, habíanle ya cantado los
credos y administrado los últimos auxilios espirituales y cuando ya todo estaba
preparado para que al día siguiente fuese a ver a Dios, un gran tropel de
pueblo precipitóse a la calle dando vivas al Capitán Pérez hasta llegar al
sitio de su prisión. El vecindario tan irritado antes contra él, se empeñó en
convertir en paseo triunfal al que providencialmente dejaba de serlo trayecto
para el patíbulo, y las mujeres que se habían propuesto tirarle piedrecitas,
regaron con flores su camino. Se había descubierto horas antes que el verdadero
autor de los indecentes pasquines y sembrador de disensiones era un tunante
cleriguillo andaluz, radicado en Trujillo y conocido en la población con el
apodo de el "Bachiller Pajalarga" que tenía la misma estatura del
Capitán Lezcano y que ocupaba un departamento de reja, con puerta a la calle,
en la misma casa donde residía el extremeño Pérez de Lezcano con su familia.
El
libertino andaluz, confesó de su falta, se le encarceló, se le siguió el juicio
respectivo que demoró mucho tiempo, durante el cual se promovió una
controversia sobre fuero, se enredó o enredó el pleito y cuando al fin se le
sentenció a muerte y se le iba a ejecutar, el ladino bribón se escapó de la
prisión y remontó el vuelo a distintos lares.
Pérez
de Lezcano tuvo la idea, brotada de un corazón agradecido, a la vez que de su
fe religiosa, traer al Perú una réplica de la milagrosa Virgen de Guadalupe de
Extremadura, y dedicarla a la veneración de los fieles católicos de esta región
de los antiguos chimús.
Con
tal motivo viajó a España y, poniéndose al habla con los padres Jerónimos,
encargados de su culto, para que le permitiesen sacar una copia de dicha Imagen,
y previa una limosna, le concedieron su voluntad. encargándose a un experto
tallador de esa confección, regresando Lezcano al Perú con la referida Imagen
de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, erigiéndole primeramente un
Santuario en Chérrepe, playa por donde desembarcó el ferviente devoto español,
trasladando después a otro sitio, y más tarde levantando en el actual Templo de
Guadalupe en donde muchos años se venera a Nuestra Señora de Guadalupe, siendo
por mucho tiempo los frailes Agustinos los depositarios de aquella Soberana y
de su culto.
Desde
hace más de 3 siglos se celebra la referida feria de Guadalupe el 8 de
Diciembre de cada año, como en igual fecha la Purísima Concepción en Chiclayo,
patrona de la ciudad.
Según
documentos que tenemos a la mano, la romería a Guadalupe para venerar y adorar
a la Imagen de la Virgen de Extremadura (La Chapetona le llaman los
guadalupanos) arranca desde el año 1643 cuando se terminó de construir e
inauguró el referido templo, bajo los auspicios de una Comunidad de Padres
Agustinos, a quienes el Capitán Pérez de Lezcano les hizo un valioso obsequio y
muchas tierras para edificar y rentas para el sostenimiento del culto. Esta
feria regional alcanzó durante más de 3 siglos un gran prestigio y sus
transacciones fueron de muchos miles de soles, pues no solo a ese lugar
concurrían los pueblos de todo el Perú, sino también romeros de Colombia,
Centro América, Ecuador, Chile, etc.
Con
motivo de conmemorarse en 1943 tres siglos de la inauguración del Templo de
Guadalupe donde se venera la Imagen de este nombre, el culto y entusiasta
párroco de ese lugar doctor Wenceslao Aguilar L. publicó, con la aquiescencia
del Prelado de Trujillo, un libro sobre HISTORIA DEL CULTO DE NUESTRA SEÑORA DE
GUADALUPE, donde se reproducen Capítulos interesantes de Devoción a la Virgen
de Guadalupe y muchos de los Milagros asombrosos de la Santa Imagen, como
también las Crónicas de la Calancha".
Guadalupe,
importante centro arrocero situado al N. de Pacasmayo, tiene una población de
cinco mil habitantes poco más poco menos.
Este
distrito, como Pueblo Nuevo, Jequetepeque, Chepén, y San Pedro de Lloc,
pertenecieron a la Provincia de Chiclayo al crearse esta Provincia por Decreto
expedido el 18 de Abril de 1836, por el General de Brigada y Jefe Supremo del
Perú D. Felipe Santiago Salaverry desde su cuartel general de Ascope, hasta que
al crearse la Provincia de Pacasmayo el 26 de Noviembre de 1864 se segregó a
Chiclayo, como los demás distritos ya mencionados.
Existe
en Guadalupe una Sociedad de Beneficencia que sostiene desde hace muchos años
un Hospital, conocido con el nombre de Lafora, benefactor de ese pueblo,
sirviéndole para su sostenimiento los arriendos de la Hacienda La Viña de
Zarrape, fundo de fértiles tierras que desde hace 50 años lo conduce la Hacienda
Cayaltí del valle de Zaña.
Guadalupe
se halla unido por ferrocarril desde hace 80 años con el puerto de Pacasmayo у
demás poblaciones que integran la
referida Provincia, como así mismo con los pueblos del norte y sur de la
república por medio de la carretera Panamericana,
Guadalupe
dista a Chiclayo 85 kilómetros que se recorren en una hora en Omnibuses. En lo
eclesiástico pertenece esta Parroquia a la arquidiócesis de Trujillo.
En
el templo de Guadalupe donde el creyente eleva diariamente sus plegarias a la
más bella y antigua Imagine que desde hace cerca de cuatro siglos se venera en
esa circunscripción, está la Efigie de Nuestra Señora de Guadalupe a quien
saludamos reverentes desde ahora en el glorioso día de su próxima Coronación Canónica,
y pedímosle que en esa fecha magna y en todo tiempo, vele por el bien de
nuestra Patria, por le felicidad y unión de todos los peruanos que su bendición
llegue hasta nosotros para que nunca nos separemos de las sabias doctrinas que
nos enseñó su Divino Hijo.
Alejandro O.
Araujo
LA TRADICIONAL FERIA DE
GUADALUPE
Por
Pablo Edmundo Céspedes, periodista de prestigio e hijo distinguido de
Guadalupe.
A
través de las evoluciones y contingencias del tiempo, que todo lo cambia y
modifica, la Feria que todos los años se celebrará en la ciudad de Guadalupe,
desde el 27 de noviembre, comienzo del novenario, hasta el 8 de Diciembre,
augusto día de la Santísima Virgen, conserva ese sello característico de las
romerías religiosas en que las prosaicas exigencias de la vida material se
dignifican y expanden al ritmo de una creencia o de un culto espiritual. Es que
la frágil barquilla de nuestra alma abandonada al proceloso combate de las
miserias terrenales, necesita el ancora salvadora de los grandes ideales, la
estrella polar que, entre las brumas del camino, le haga vislumbrar el feliz
término de su peregrinación.
Sólo
de esta manera podemos explicarnos la fervorosa unción y el febril entusiasmo
con que conservan a ella, personas de toda clase, sexo y condición social,
procedentes de los más apartados lugares, para rendir un tributo de amor y
veneración a la Madre de Misericordia, para confiarle sus cuitas y pesares en
demanda de bondadosa protección o presentarle una ofrenda de reconocimiento por
algún beneficio recibido.
En
este sentimiento de intensa piedad cristiana está basada sin duda, la
conservación y atrayente sugerencia de esta feria secular que junto con la de
Vilque en Puno y la de Cutervo en Cajamarca, constituyen verdaderos certámenes
de exhibición industrial y comercial, de positiva influencia para el desarrollo
económico y la vida de relación de los pueblos de la zona en que se realiza.
ANTAÑO Y OGAÑO
Por
los tiempos lejanos en que la holgura fiscal de la República hacía menos
gravosa la presión del Estado sobre la fortuna privada gozándose en
consecuencia de un noble desahogo económico, este torneo comercial llegó a su
máximo apogeo por la nutrida concurrencia de visitantes de los pueblos más
apartados y aún pasar de ultramar por el activo intercambio por mayor y menor
de productos de toda especie, en forma que los negociantes, declaraban
ostensiblemente sus grandes utilidades, sin que ninguno de ellos regresara
descontento a sus lares.
Todavía
se recuerda con deliciosa fruición aquellos años en que no quedaba vacante una
sola tienda en los portales de la plaza de Armas y en que, además, en el
contorno de sus cuatro costados se formaba una doble fila de tendejones de toda
clase de mercaderías, fuera de los establecimientos instalados en el resto de
la población, que el día 8 mostraban sus vitrinas y casillas poco menos que
vacías. Entonces venían en persecución de un buen negociado, sucursales de
casas fuertes de la Capital y poblaciones distintas del interior y era tanta la
actividad de las transacciones que hemos oído referir a personas provectas que
la circulación monetaria se calculaba en más de un millón de soles.
Ahora
este auge puede decirse que ha experimentado notorio descenso, y ello se debe,
tanto a cierta depresión en los negocios, cuanto a la creación de casas que
comercian en alta escala en el puerto de Pacasmayo y valle de Chicama las
cuales proveen suficientemente a las necesidades del mercado.
Es,
pues, un hecho que la Feria guadalupana ha decaído un tanto en su movimiento
comercial y en la afluencia de gente, comparada con la que se realizaba ahora
medio siglo; pues podemos decir que se ha restringido a los tres últimos días,
en los que el atractivo del culto a la Virgen reúne numerosa concurrencia de
los pueblos, haciendas y caseríos de la provincia, que dan a esta romería un
cariz de inusitada animación y jocunda alegría.
La
instalación de un buen hotel bien servido y de módicas pensiones, y posadas
como las llamadas peregrinaciones de otros tiempos para la gente de modesta
condición, así como otras facilidades como rebaja de alquileres, impuestos,
etc., serían medidas que contribuirían a reparar esta situación, la que
corresponde conjurar por todos los medios de los buenos hijos de esta ciudad,
en especial a su juventud premunida de las condiciones de capacidad y energía
necesarias para la culminación de una empresa de esta naturaleza.
LIGERO BOSQUEJO DE SU
FISONOMIA
Alegría
y jolgorio por doquiera, gárrula animación que colma el espíritu de intensas
emociones, comunicativa expansión en que los seres más refractarios a los goces
de la vida brinda, disfrutaban a sus anchas; tal es el ambiente general que se
respira dentro de esta promiscuidad de visitantes, que, bajo su sol ardoroso,
transitan por las calles más apartadas de la ciudad, desidores y sonrientes,
para ir a Congestionarse como afluentes de un cauce común en la plaza de Armas
donde reside la sede central del comercio y de las ceremonias del culto.
Es
aquí, en este hervidero humano, donde se puede conseguir todos los recursos
necesarios, ya sea para la subsistencia como para la indumentaria y
entretenimiento de nuestra persona. Todos con llamativas mesitas en las que se
encuentran los más apetitivos guisos y asados; tendejones vistosamente
provistos de las mercaderías y artículos más variados puestos donde se exhiben
los más exquisitos de monsefatana, zaña, como los dátiles confitados, las cajas
de membrillo y manjar blanco, los alfajores de piña, les confites y la conserva
de naranja en poto: y, para refrescar la garganta, la clásica aloja, frente a
cuyas vendimias en sandunguera dueña nos deja oír con cristalino acento,
aquella coplita que dice:
le abre la garganta
que al más cicatero
a la de manzana.
Después, llegada la comida de la tarde, oír los cadenciosos sones de la música que, antes de asistir a la novena, ejecuta en el campanario sus piezas más sugestivas, al alegre repiqueteo de las campanas. llamando a los fieles: los sonidos diversos brotados de la muchedumbre, mezclándose en confusión católica a los ruidos que produce el recláme de las maracas, el punto mayor, la quina y el boliche; y en medio de esta pujante vitalidad, la fresca voz de la caspiroletera que invita a los paseantes su espumosa bebida, de esta manera:
A
la caspiroleta caliente
a
medio el vaso
pero
qué vaso
más
grande que un calabazo,
que
porque soy forastero
no
me hace caso.
Todo
y mucho más que se nos queda en el tintero, es un bosquejo aproximado de la
feria de Guadalupe, aquella romería que ofrece a la imaginación del cronista,
esa loca de la casa, como alguien la ha llamado, los más exquisitos deleites,
como rezago de una época feliz que se fue y ya no volverá...
LA EPOCA DE SU FUNDACION
El
origen del establecimiento de esta magna romería arranca desde la fundación del
Templo y Convente de San Agustín, obras que se comenzaron a construir, según
nuestra documentación, alrededor del año 1560, bajo los auspicios de una
Comunidad de Padres Agustinos, a quienes el Capitán Pérez de Lezcano que trajo
de España la imagen de la Virgen de Extremadura, les hizo su valioso obsequio,
junto con los terrenos necesarios para edificación, y haciendas y pensiones
para el sostenimiento del culto.
El
maestro tradicionista, de verdadera memoria, don Ricardo Palma, refiere, con
esa sal ática que le distingue, en una de sus interesantes tradiciones, la
manera enteramente casual cómo se fundó el Santuario de la Virgen de Guadalupe.
Por
el año 1555, durante el Coloniaje, formaba estos territorios un Corregimiento,
cuya capital era Trujillo, en el que ejercía la autoridad suprema el Corregidor
Benel, español de malas pulgas, y que no sabía andarse por las ramas para
atormentar al que se revelara contra su poder. En la misma ciudad habitaba al
mismo tiempo el Capitán Pérez de Lezcano que por tal o cual motivo no se
hallaba en buen predicamento con el antedicho Corregidor.
Sucedió
en tales circunstancias que un día aparecieron pegados a las paredes, en
ciertos lugares públicos unos pasquines en los que se ponían de oro y azul a la
primera autoridad, criticando severamente su actuación, al aludido Benel se le
subió la mostaza a las narices y se puso a practicar las indagaciones
necesarias para descubrir al intruso, prometiendo comérselo crudo si caía en
sus garras; pero, por más que hizo, no pudo sacar en blanco quien era el
mequetrefe que así se burlaba en sus mismas barbas, aumentando su furia cuando
los pasquines volvieron a reinar después de algunos días que se descuidó su
vigilancia.
Colérico
hasta no más ya comenzaba a desesperar de dar con el hilo de esta maraña,
cuando quizá algún cortesano le inspiró desconfianza respecto al Capitán
Lezcano y esto bastó para que el irritado Corregidor mandara tomarlo preso,
haciéndolo encerrar bajo buena llave y custodiado en una mazmorra. El inocente
Capitán, como es de suponer, demostró con razones de peso su inculpabilidad;
pero nada le valió, porque el Corregidor le tenía ojeriza y creía realmente que
él era el autor de los consabidos pasquines.
Largo
tiempo sufrió Lezcano los tormentos consiguientes en su cautiverio; que cada
día se hacía más insoportable, por lo cual, convencido cristiano como era, y
hallando cerrada la justicia de la tierra, puso toda su confianza en la Virgen
de Guadalupe, a la que hizo promesa solemne de que si permitía ser puesto en
libertad, haría un viaje a España para traer su imagen y fundarle un Santuario
en estas tierras.
Así
las cosas de repente una noche se produjo la solución de este conflicto. Un
pobre zapatero se hallaba velando en su habitación cuando al filo de la media
noche oye unos pequeños golpecitos a su puerta. Suspende su labor, sale en
puntas de pie muy sigilosamente, abre su puerta a incontinente echa el guante a
un individuo que se hallaba ocupado en clavar un cartelito en el que se
derramaba también su bilis contra el discípulo de San Crispín.
Entregado
al siguiente día muy temprano a la autoridad este sujeto resultó ser el famoso
clérigo Pajalarga, quien cantó de plano la palinodia, lo que dio motivo para
que se pusiera en libertad al Capitán Lezcano y en su lugar se enjaulara al
verdadero responsable de los atrabilarios pasquines.
Lezcano
entonces en gratitud de este milagro beneficio y en cumplimiento de su promesa,
emprendió inmediatamente su viaje a España y trajo a la imagen de la Virgen,
desembarcándose por Chérrepe. De aquí transportó la escultura y sus accesorios
en una mula, la que se cuenta se extravió por muchos días y después de una
prolija búsqueda, vino a encontrársele a la cabalgadura recostada en un potrero
que existía en la falda occidental del cerrito llamado de la Virgen, terreno
que hoy pertenece a la hacienda Farfancillo. Esto lo interpretó el Capitán como
un deseo de la Virgen, de que su Santuario se edificara en este lugar así lo
hizo, obsquiándoselo después a los padres agustinos. Posteriormente el 14 de
Febrero de 1619 un terrible terremoto destruyó la ciudad de Trujillo y
repercutió en esta zona, trayendo al suelo la Iglesia, de cuya circunstancia
aprovecharon dichos padres para dejar este lugar. "Pueblo Viejo" y
acometer la construcción del Convento y el hermoso Templo que hasta hoy existe,
comenzando la obra tres días después de esa catástrofe.
CONCLUSION
Esto es a grandes rasgos un esquema del aspecto característico que ofrece la famosa Feria de Guadalupe y el modo casual como se fundó el Santuario y Convento contiguo y el mismo pueblo, que hoy constituye una ciudad relativamente adelantada y simpática por la cultura y carácter hospitalario de sus moradores.
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