LA
TRADICIONAL FERIA DE GUADALUPE
Sólo de esta manera podemos
explicarnos la fervorosa unción y el febril entusiasmo con que conservan a
ella, personas de toda clase, sexo y condición social, procedentes de los más
apartados lugares, para rendir un tributo de amor y veneración a la Madre de
Misericordia, para confiarle sus cuitas y pesares en demanda de bondadosa
protección o presentarle una ofrenda de reconocimiento por algún beneficio
recibido.
En este sentimiento de
intensa piedad cristiana está basada sin duda, la conservación y atrayente
sugerencia de esta feria secular que junto con la de Vilque en Puno y la de
Cutervo en Cajamarca, constituyen verdaderos certámenes de exhibición
industrial y comercial, de positiva influencia para el desarrollo económico y
la vida de relación de los pueblos de la zona en que se realiza.
ANTAÑO
Y OGAÑO
Todavía se recuerda con
deliciosa fruición aquellos años en que no quedaba vacante una sola tienda en
los portales de la plaza de Armas y en que, además, en el contorno de sus
cuatro costados se formaba una doble fila de tendejones de toda clase de
mercaderías, fuera de los establecimientos instalados en el resto de la
población, que el día 8 mostraban sus vitrinas y casillas poco menos que
vacías. Entonces venían en persecución de un buen negociado, sucursales de casas
fuertes de la Capital y poblaciones distintas del interior y era tanta la
actividad de las transacciones que hemos oído referir a personas provectas que
la circulación monetaria se calculaba en más de un millón de soles.
Ahora este auge puede
decirse que ha experimentado notorio descenso, y ello se debe, tanto a cierta
depresión en los negocios, cuanto a la creación de casas que comercian en alta
escala en el puerto de Pacasmayo y valle de Chicama las cuales proveen
suficientemente a las necesidades del mercado.
Es, pues, un hecho que la
Feria guadalupana ha decaído un tanto en su movimiento comercial y en la
afluencia de gente, comparada con la que se realizaba ahora medio siglo; pues
podemos decir que se ha restringido a los tres últimos días, en los que el
atractivo del culto a la Virgen reúne numerosa concurrencia de los pueblos,
haciendas y caseríos de la provincia, que dan a esta romería un cariz de
inusitada animación y jocunda alegría.
La instalación de un buen
hotel bien servido y de módicas pensiones, y posadas como las llamadas
peregrinaciones de otros tiempos para la gente de modesta condición, así como
otras facilidades como rebaja de alquileres, impuestos, etc., serían medidas
que contribuirían a reparar esta situación, la que corresponde conjurar por
todos los medios de los buenos hijos de esta ciudad, en especial a su juventud
premunida de las condiciones de capacidad y energía necesarias para la
culminación de una empresa de esta naturaleza.
Es aquí, en este hervidero
humano, donde se puede conseguir todos los recursos necesarios, ya sea para la
subsistencia como para la indumentaria y entretenimiento de nuestra persona.
Todos con llamativas mesitas en las que se encuentran los más apetitivos guisos
y asados; tendejones vistosamente provistos de las mercaderías y artículos más
variados puestos donde se exhiben los más exquisitos de monsefatana, zaña, como
los dátiles confitados, las cajas de membrillo y manjar blanco, los alfajores
de piña, les confites y la conserva de naranja en poto: y, para refrescar la
garganta, la clásica aloja, frente a cuyas vendimias en sandunguera dueña nos
deja oír con cristalino acento, aquella coplita que dice:
A la aloja fresca,
le abre la garganta
que al más cicatero
a la de manzana.
Después, llegada la comida
de la tarde, oír los cadenciosos sones de la música que, antes de asistir a la
novena, ejecuta en el campanario sus piezas más sugestivas, al alegre
repiqueteo de las campanas. llamando a los fieles: los sonidos diversos
brotados de la muchedumbre, mezclándose en confusión católica a los ruidos que
produce el recláme de las maracas, el punto mayor, la quina y el boliche; y en
medio de esta pujante vitalidad, la fresca voz de la caspiroletera que invita a
los paseantes su espumosa bebida, de esta manera:
A la caspiroleta caliente
a medio el vaso
pero qué vaso
más grande que un calabazo,
que porque soy forastero
no me hace caso.
Todo y mucho más que se nos
queda en el tintero, es un bosquejo aproximado de la feria de Guadalupe,
aquella romería que ofrece a la imaginación del cronista, esa loca de la casa,
como alguien la ha llamado, los más exquisitos deleites, como rezago de una época
feliz que se fue y ya no volverá...
El maestro tradicionista, de
verdadera memoria, don Ricardo Palma, refiere, con esa sal ática que le
distingue, en una de sus interesantes tradiciones, la manera enteramente casual
cómo se fundó el Santuario de la Virgen de Guadalupe.
Por el año 1555, durante el
Coloniaje, formaba estos territorios un Corregimiento, cuya capital era
Trujillo, en el que ejercía la autoridad suprema el Corregidor Benel, español
de malas pulgas, y que no sabía andarse por las ramas para atormentar al que se
revelara contra su poder. En la misma ciudad habitaba al mismo tiempo el
Capitán Pérez de Lezcano que por tal o cual motivo no se hallaba en buen
predicamento con el antedicho Corregidor.
Sucedió en tales circunstancias
que un día aparecieron pegados a las paredes, en ciertos lugares públicos unos
pasquines en los que se ponían de oro y azul a la primera autoridad, criticando
severamente su actuación, al aludido Benel se le subió la mostaza a las narices
y se puso a practicar las indagaciones necesarias para descubrir al intruso,
prometiendo comérselo crudo si caía en sus garras; pero, por más que hizo, no
pudo sacar en blanco quien era el mequetrefe que así se burlaba en sus mismas
barbas, aumentando su furia cuando los pasquines volvieron a reinar después de
algunos días que se descuidó su vigilancia.
Colérico hasta no más ya
comenzaba a desesperar de dar con el hilo de esta maraña, cuando quizá algún
cortesano le inspiró desconfianza respecto al Capitán Lezcano y esto bastó para
que el irritado Corregidor mandara tomarlo preso, haciéndolo encerrar bajo
buena llave y custodiado en una mazmorra. El inocente Capitán, como es de
suponer, demostró con razones de peso su inculpabilidad; pero nada le valió,
porque el Corregidor le tenía ojeriza y creía realmente que él era el autor de
los consabidos pasquines.
Largo tiempo sufrió Lezcano
los tormentos consiguientes en su cautiverio; que cada día se hacía más
insoportable, por lo cual, convencido cristiano como era, y hallando cerrada la
justicia de la tierra, puso toda su confianza en la Virgen de Guadalupe, a la
que hizo promesa solemne de que si permitía ser puesto en libertad, haría un
viaje a España para traer su imagen y fundarle un Santuario en estas tierras.
Así las cosas de repente una
noche se produjo la solución de este conflicto. Un pobre zapatero se hallaba
velando en su habitación cuando al filo de la media noche oye unos pequeños
golpecitos a su puerta. Suspende su labor, sale en puntas de pie muy
sigilosamente, abre su puerta a incontinente echa el guante a un individuo que
se hallaba ocupado en clavar un cartelito en el que se derramaba también su
bilis contra el discípulo de San Crispín.
Entregado al siguiente día
muy temprano a la autoridad este sujeto resultó ser el famoso clérigo
Pajalarga, quien cantó de plano la palinodia, lo que dio motivo para que se
pusiera en libertad al Capitán Lezcano y en su lugar se enjaulara al verdadero
responsable de los atrabilarios pasquines.
Lezcano entonces en gratitud
de este milagro beneficio y en cumplimiento de su promesa, emprendió
inmediatamente su viaje a España y trajo a la imagen de la Virgen,
desembarcándose por Chérrepe. De aquí transportó la escultura y sus accesorios
en una mula, la que se cuenta se extravió por muchos días y después de una
prolija búsqueda, vino a encontrársele a la cabalgadura recostada en un potrero
que existía en la falda occidental del cerrito llamado de la Virgen, terreno
que hoy pertenece a la hacienda Farfancillo. Esto lo interpretó el Capitán como
un deseo de la Virgen, de que su Santuario se edificara en este lugar así lo
hizo, obsquiándoselo después a los padres agustinos. Posteriormente el 14 de
Febrero de 1619 un terrible terremoto destruyó la ciudad de Trujillo y
repercutió en esta zona, trayendo al suelo la Iglesia, de cuya circunstancia
aprovecharon dichos padres para dejar este lugar. "Pueblo Viejo" y
acometer la construcción del Convento y el hermoso Templo que hasta hoy existe,
comenzando la obra tres días después de esa catástrofe.
FUENTE, Historia del Culto y Crónica de la Coronación Canónica de "NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE" Santa Patrona de los Pueblos del Norte y Reyna Excelsa del Perú 24 de Octubre de 1954.
Guadalupe-Provincia de Pacasmayo, Departamento de La Libertad, Perú.
Presbítero, Santiago
Wenceslao Aguilar L. Párroco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario