domingo, 26 de julio de 2026

191.- LA TRADICIONAL FERIA DE GUADALUPE

 

LA TRADICIONAL FERIA DE GUADALUPE

 Por Pablo Edmundo Céspedes, periodista de prestigio e hijo distinguido de Guadalupe.

 A través de las evoluciones y contingencias del tiempo, que todo lo cambia y modifica, la Feria que todos los años se celebrará en la ciudad de Guadalupe, desde el 27 de noviembre, comienzo del novenario, hasta el 8 de Diciembre, augusto día de la Santísima Virgen, conserva ese sello característico de las romerías religiosas en que las prosaicas exigencias de la vida material se dignifican y expanden al ritmo de una creencia o de un culto espiritual. Es que la frágil barquilla de nuestra alma abandonada al proceloso combate de las miserias terrenales, necesita el ancora salvadora de los grandes ideales, la estrella polar que, entre las brumas del camino, le haga vislumbrar el feliz término de su peregrinación.

Sólo de esta manera podemos explicarnos la fervorosa unción y el febril entusiasmo con que conservan a ella, personas de toda clase, sexo y condición social, procedentes de los más apartados lugares, para rendir un tributo de amor y veneración a la Madre de Misericordia, para confiarle sus cuitas y pesares en demanda de bondadosa protección o presentarle una ofrenda de reconocimiento por algún beneficio recibido.

En este sentimiento de intensa piedad cristiana está basada sin duda, la conservación y atrayente sugerencia de esta feria secular que junto con la de Vilque en Puno y la de Cutervo en Cajamarca, constituyen verdaderos certámenes de exhibición industrial y comercial, de positiva influencia para el desarrollo económico y la vida de relación de los pueblos de la zona en que se realiza.

 

ANTAÑO Y OGAÑO

 Por los tiempos lejanos en que la holgura fiscal de la República hacía menos gravosa la presión del Estado sobre la fortuna privada gozándose en consecuencia de un noble desahogo económico, este torneo comercial llegó a su máximo apogeo por la nutrida concurrencia de visitantes de los pueblos más apartados y aún pasar de ultramar por el activo intercambio por mayor y menor de productos de toda especie, en forma que los negociantes, declaraban ostensiblemente sus grandes utilidades, sin que ninguno de ellos regresara descontento a sus lares.

Todavía se recuerda con deliciosa fruición aquellos años en que no quedaba vacante una sola tienda en los portales de la plaza de Armas y en que, además, en el contorno de sus cuatro costados se formaba una doble fila de tendejones de toda clase de mercaderías, fuera de los establecimientos instalados en el resto de la población, que el día 8 mostraban sus vitrinas y casillas poco menos que vacías. Entonces venían en persecución de un buen negociado, sucursales de casas fuertes de la Capital y poblaciones distintas del interior y era tanta la actividad de las transacciones que hemos oído referir a personas provectas que la circulación monetaria se calculaba en más de un millón de soles.

Ahora este auge puede decirse que ha experimentado notorio descenso, y ello se debe, tanto a cierta depresión en los negocios, cuanto a la creación de casas que comercian en alta escala en el puerto de Pacasmayo y valle de Chicama las cuales proveen suficientemente a las necesidades del mercado.

Es, pues, un hecho que la Feria guadalupana ha decaído un tanto en su movimiento comercial y en la afluencia de gente, comparada con la que se realizaba ahora medio siglo; pues podemos decir que se ha restringido a los tres últimos días, en los que el atractivo del culto a la Virgen reúne numerosa concurrencia de los pueblos, haciendas y caseríos de la provincia, que dan a esta romería un cariz de inusitada animación y jocunda alegría.

La instalación de un buen hotel bien servido y de módicas pensiones, y posadas como las llamadas peregrinaciones de otros tiempos para la gente de modesta condición, así como otras facilidades como rebaja de alquileres, impuestos, etc., serían medidas que contribuirían a reparar esta situación, la que corresponde conjurar por todos los medios de los buenos hijos de esta ciudad, en especial a su juventud premunida de las condiciones de capacidad y energía necesarias para la culminación de una empresa de esta naturaleza.

 LIGERO BOSQUEJO DE SU FISONOMIA

 Alegría y jolgorio por doquiera, gárrula animación que colma el espíritu de intensas emociones, comunicativa expansión en que los seres más refractarios a los goces de la vida brinda, disfrutaban a sus anchas; tal es el ambiente general que se respira dentro de esta promiscuidad de visitantes, que, bajo su sol ardoroso, transitan por las calles más apartadas de la ciudad, desidores y sonrientes, para ir a Congestionarse como afluentes de un cauce común en la plaza de Armas donde reside la sede central del comercio y de las ceremonias del culto.

Es aquí, en este hervidero humano, donde se puede conseguir todos los recursos necesarios, ya sea para la subsistencia como para la indumentaria y entretenimiento de nuestra persona. Todos con llamativas mesitas en las que se encuentran los más apetitivos guisos y asados; tendejones vistosamente provistos de las mercaderías y artículos más variados puestos donde se exhiben los más exquisitos de monsefatana, zaña, como los dátiles confitados, las cajas de membrillo y manjar blanco, los alfajores de piña, les confites y la conserva de naranja en poto: y, para refrescar la garganta, la clásica aloja, frente a cuyas vendimias en sandunguera dueña nos deja oír con cristalino acento, aquella coplita que dice:

 

A la aloja fresca,

le abre la garganta

que al más cicatero

a la de manzana.

 

Después, llegada la comida de la tarde, oír los cadenciosos sones de la música que, antes de asistir a la novena, ejecuta en el campanario sus piezas más sugestivas, al alegre repiqueteo de las campanas. llamando a los fieles: los sonidos diversos brotados de la muchedumbre, mezclándose en confusión católica a los ruidos que produce el recláme de las maracas, el punto mayor, la quina y el boliche; y en medio de esta pujante vitalidad, la fresca voz de la caspiroletera que invita a los paseantes su espumosa bebida, de esta manera:

 

A la caspiroleta caliente

a medio el vaso

pero qué vaso

más grande que un calabazo,

que porque soy forastero

no me hace caso.

 

Todo y mucho más que se nos queda en el tintero, es un bosquejo aproximado de la feria de Guadalupe, aquella romería que ofrece a la imaginación del cronista, esa loca de la casa, como alguien la ha llamado, los más exquisitos deleites, como rezago de una época feliz que se fue y ya no volverá...

 LA EPOCA DE SU FUNDACION

 El origen del establecimiento de esta magna romería arranca desde la fundación del Templo y Convente de San Agustín, obras que se comenzaron a construir, según nuestra documentación, alrededor del año 1560, bajo los auspicios de una Comunidad de Padres Agustinos, a quienes el Capitán Pérez de Lezcano que trajo de España la imagen de la Virgen de Extremadura, les hizo su valioso obsequio, junto con los terrenos necesarios para edificación, y haciendas y pensiones para el sostenimiento del culto.

El maestro tradicionista, de verdadera memoria, don Ricardo Palma, refiere, con esa sal ática que le distingue, en una de sus interesantes tradiciones, la manera enteramente casual cómo se fundó el Santuario de la Virgen de Guadalupe.

Por el año 1555, durante el Coloniaje, formaba estos territorios un Corregimiento, cuya capital era Trujillo, en el que ejercía la autoridad suprema el Corregidor Benel, español de malas pulgas, y que no sabía andarse por las ramas para atormentar al que se revelara contra su poder. En la misma ciudad habitaba al mismo tiempo el Capitán Pérez de Lezcano que por tal o cual motivo no se hallaba en buen predicamento con el antedicho Corregidor.

Sucedió en tales circunstancias que un día aparecieron pegados a las paredes, en ciertos lugares públicos unos pasquines en los que se ponían de oro y azul a la primera autoridad, criticando severamente su actuación, al aludido Benel se le subió la mostaza a las narices y se puso a practicar las indagaciones necesarias para descubrir al intruso, prometiendo comérselo crudo si caía en sus garras; pero, por más que hizo, no pudo sacar en blanco quien era el mequetrefe que así se burlaba en sus mismas barbas, aumentando su furia cuando los pasquines volvieron a reinar después de algunos días que se descuidó su vigilancia.

Colérico hasta no más ya comenzaba a desesperar de dar con el hilo de esta maraña, cuando quizá algún cortesano le inspiró desconfianza respecto al Capitán Lezcano y esto bastó para que el irritado Corregidor mandara tomarlo preso, haciéndolo encerrar bajo buena llave y custodiado en una mazmorra. El inocente Capitán, como es de suponer, demostró con razones de peso su inculpabilidad; pero nada le valió, porque el Corregidor le tenía ojeriza y creía realmente que él era el autor de los consabidos pasquines.

Largo tiempo sufrió Lezcano los tormentos consiguientes en su cautiverio; que cada día se hacía más insoportable, por lo cual, convencido cristiano como era, y hallando cerrada la justicia de la tierra, puso toda su confianza en la Virgen de Guadalupe, a la que hizo promesa solemne de que si permitía ser puesto en libertad, haría un viaje a España para traer su imagen y fundarle un Santuario en estas tierras.

Así las cosas de repente una noche se produjo la solución de este conflicto. Un pobre zapatero se hallaba velando en su habitación cuando al filo de la media noche oye unos pequeños golpecitos a su puerta. Suspende su labor, sale en puntas de pie muy sigilosamente, abre su puerta a incontinente echa el guante a un individuo que se hallaba ocupado en clavar un cartelito en el que se derramaba también su bilis contra el discípulo de San Crispín.

Entregado al siguiente día muy temprano a la autoridad este sujeto resultó ser el famoso clérigo Pajalarga, quien cantó de plano la palinodia, lo que dio motivo para que se pusiera en libertad al Capitán Lezcano y en su lugar se enjaulara al verdadero responsable de los atrabilarios pasquines.

Lezcano entonces en gratitud de este milagro beneficio y en cumplimiento de su promesa, emprendió inmediatamente su viaje a España y trajo a la imagen de la Virgen, desembarcándose por Chérrepe. De aquí transportó la escultura y sus accesorios en una mula, la que se cuenta se extravió por muchos días y después de una prolija búsqueda, vino a encontrársele a la cabalgadura recostada en un potrero que existía en la falda occidental del cerrito llamado de la Virgen, terreno que hoy pertenece a la hacienda Farfancillo. Esto lo interpretó el Capitán como un deseo de la Virgen, de que su Santuario se edificara en este lugar así lo hizo, obsquiándoselo después a los padres agustinos. Posteriormente el 14 de Febrero de 1619 un terrible terremoto destruyó la ciudad de Trujillo y repercutió en esta zona, trayendo al suelo la Iglesia, de cuya circunstancia aprovecharon dichos padres para dejar este lugar. "Pueblo Viejo" y acometer la construcción del Convento y el hermoso Templo que hasta hoy existe, comenzando la obra tres días después de esa catástrofe.

 CONCLUSION

 Esto es a grandes rasgos un esquema del aspecto característico que ofrece la famosa Feria de Guadalupe y el modo casual como se fundó el Santuario y Convento contiguo y el mismo pueblo, que hoy constituye una ciudad relativamente adelantada y simpática por la cultura y carácter hospitalario de sus moradores.

 

FUENTE, Historia del Culto y Crónica de la Coronación Canónica de "NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE" Santa Patrona de los Pueblos del Norte y Reyna Excelsa del Perú 24 de Octubre de 1954.

Guadalupe-Provincia de Pacasmayo, Departamento de La Libertad, Perú.

Presbítero, Santiago Wenceslao Aguilar L. Párroco.

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